09/07/13

23:24
Del santo Evangelio según san Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos les dijo: "Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún, a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Porque, ¿Quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla?. No sea que, después de haber hechado los cimientos, no pueda acabarla y todos los que se enteren comienzen a burlarse de él, diciendo: ´Este hombre comenzó a contruir y no pudo terminar´. O que rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz. Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípiulo".


Oración introductoria


Dios mío, no hay camino más corto y más seguro para alcanzar la felicidad que el conocimiento, amor, imitación y seguimiento de tu Hijo Jesucristo. Tú eres la fuente de todo lo bueno en mi vida. Nada de lo que me pasa sucede sin tu consentimiento y siempre, aunque a mí me pueda parecer que no, es para mi bien. Por eso, con gran confianza inicio mi oración, sé que será el medio para unirme contigo, en la mente y en el corazón.


Petición


Jesús, quiero ser tu discípulo y misionero, ayúdame a recoger mi cruz y a llevarla con fe y alegría; nunca dejes que me canse y busque otros caminos, engañosamente más fáciles.


Meditación del Papa Francisco


Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar. Mi abuela nos decía a los niños: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también – cada uno lo sabe y lo conoce – nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Este es el bien que Jesús nos hace a todos en el trono de la cruz. La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho él aquel día de su muerte. (S.S. Francisco, 24 de marzo de 2013).


Reflexión


Hace tiempo escribí uno de mis artículos, como el que ahora escribo. Recuerdo que hablaba del radicalismo evangélico y de la necesidad de darlo todo para seguir a Jesús. Aludía al ejemplo de Hernán Cortés. Cuando desembarcó en México, mandó quemar las naves para que ninguno de sus hombres se sintiera tentado de echar marcha atrás. Y decía yo en esa ocasión que también los cristianos deberíamos "quemar nuestras naves" para seguir al Señor. O sea, que teníamos que "vender todo" para ser dignos discípulos suyos.


Pasados unos días, me comentó con gran confianza una persona amiga que, aunque eso era cierto, si se presentaban las cosas así de drásticas, nadie sería capaz de seguir a Jesús y que, vista así la situación, el ser discípulo de Cristo sería privilegio de muy pocas almas –las consagradas— pero no de los "cristianos de a pie", que luchan cada día contra mil obstáculos para tratar de ser buenos. Al fin y al cabo, a la mayoría de la gente del mundo les va "como en feria".


Confieso que ese comentario me ayudó mucho a comprender más a las personas, a ver el mensaje "desde el otro lado", desde la gente que escucha. Y, aunque tiene razón, también estoy convencido de que no podemos bajar el listón. Cuando se celebraban las Olimpíadas, todos podemos contemplar el impresionante esfuerzo que hacen los atletas en sus competiciones. A ellos no se les rebajan los récords o la marca olímpica. Deben luchar todos por superarla. Y los más avanzados son los que reciben las medallas.


Algo semejante ocurre en la vida cristiana. Ya Pablo, hablando a los corintios –gente familiarizada con los deportes agónicos y las competencias olímpicas- usaba la imagen de los atletas que corren en el estadio y de los que luchan en el pugilato para hablar de la ascesis cristiana y de la constante superación para alcanzar a Cristo (I Cor 9, 24-27).


Pues este domingo nuestro Señor vuelve a abordar el mismo tema en el Evangelio. Y lo hace con los mismos tonos aparentemente duros e intransigentes: "Si alguno quiere seguirme y no odia a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, incluso a sí mismo, no puede ser mi discípulo". La verdad, ¡nuestro Señor “se pasa” con estas exigencias! Nunca había pedido alguien tanto a sus seguidores, como Cristo: ni Sócrates, ni Buda, ni Confucio. Y nadie después de Él se atrevería jamás a presentar tamañas exigencias. Sería propio de un loco. O de Dios.


Es verdad, Cristo es exigente y no se anda con rodeos. Ni engaña a nadie. Él quiere posturas claras y entregas totales. No medianías ni mediocridades. Pero hemos de entender bien las palabras del Señor. La palabra "odiar" tiene para nosotros un sentido muy duro y excluyente. No así en el arameo, la lengua que habló nuestro Señor. Los exegetas traducen este verbo por "posponer, preferir". Así, Cristo quiso decir que el que prefiere o ama a sus seres queridos o a sí mismo más que a Él, no puede ser su discípulo. Bien. Eso ya nos aclara un poco el sentido de las palabras de Jesús, pero no por ello dejan de ser muy exigentes.


Además, hemos de recordar otra cosa muy importante: nuestro Señor es infinitamente bueno y comprensivo, y se adapta a la situación espiritual de cada persona. Él siempre nos espera y guarda hacia nosotros una infinita paciencia y misericordia. Nunca nos atropella con sus exigencias. Pero no por eso nos baja el listón. Como en las Olimpíadas. Si no ganamos la medalla de oro en esta ocasión, hemos de seguir preparándonos para ganarla en las siguientes. Para Dios siempre hay tiempo y posibilidades, mientras dura la vida y la buena voluntad. A todos nos da pena y sentimos una cierta compasión cuando miramos la fatiga de los atletas y vemos que no todos consiguen el premio. Pues, ¿qué hemos de pensar de nuestro Padre Dios? Yo me imagino que nos contempla con infinita simpatía y ternura, como el papá que ve a su hijito de un año hacer grandes esfuerzos para ponerse de pie y dar sus primeros pasos. Más aún, Él mismo nos anima, nos “echa porras” y sale a nuestro encuentro con los brazos abiertos para acogernos, levantarnos en aire y ayudarnos a seguir adelante.


La enseñanza de Jesús es, pues, muy clara. Nos dice que "el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo suyo". Y, aunque comprende nuestra debilidad y nuestra situación personal en los diversos momentos y circunstancias por los que pasamos en nuestra vida, no rebaja sus exigencias: tenemos que seguir esforzándonos para ganar el premio.


Nuestra ascesis exige ponderación, seriedad, sacrificio y clara conciencia de los riesgos y de las dificultades de la aventura. Por eso nos presenta el Señor esas dos parábolas –la de la construcción de la torre y de la empresa militar-. Nos pide prudencia para medir bien nuestras fuerzas y la magnitud de la dificultad, no para desanimarnos, sino para ser coherentes y consecuentes con nuestras determinaciones.


No debe ser, pues, una decisión tomada a la ligera, en un momento de sentimiento, de emoción o de euforia. Necesitamos mucha claridad en la elección, energía en la voluntad y un grandísimo amor en el corazón para seguir a Jesucristo. Y hemos de estar dispuestos para la fatiga y para aceptar la cruz con fe, con generosidad y con un enorme amor en el pecho. Amor que no son sentimientos, sino obras y donación, sobre todo en los momentos más oscuros de la vida.


Jesús sabe de sobra que muchas veces tendremos caídas, fracasos y derrotas. ¿Quién no las tiene? Nadie nace campeón ni vencedor. Los héroes y los santos no nacen. Se hacen. Sigamos luchando, pues, con grandísimos bríos y entusiasmo, aunque a veces, en el Maratón de la vida, en lugar de correr no podamos sino arrastrarnos. El Señor en persona vendrá en nuestra ayuda y el premio que nos dará no será una simple medalla de oro, sino la vida eterna. Con Cristo… ¡¡Sí se puede!!


Propósito


Por amor a la cruz de Cristo, hacer hoy una buena acción a ese miembro de mi familia con el que tengo más dificultades.



September 07, 2013 at 11:12PM

10:54
¿Qué hombre puede conocer los designios de Dios o hacerse una idea de lo que quiere el Señor? Los pensamientos de los mortales son indecisos y sus reflexiones, precarias, porque un cuerpo corruptible pesa sobre el alma y esta morada de arcilla oprime a la mente con muchas preocupaciones. Nos cuesta conjeturar lo que hay sobre la tierra, y lo que está a nuestro alcance lo descubrimos con esfuerzo; pero ¿quién ha explorado lo que está en el cielo? ¿Y quién habría conocido tu voluntad si tú mismo no hubieras dado la Sabiduría y enviado desde lo alto tu santo espíritu? Así se enderezaron los caminos de los que están sobre la tierra, así aprendieron los hombres lo que te agrada y, por la Sabiduría, fueron salvados". September 06, 2013 at 05:00PM

10:54
Tú que devuelves al polvo a los mortales, y les dices:»¡Váyanse, hijos de Adán!». Mil años para ti son como un día, un ayer, un momento de la noche. Tú los siembras, cada cual a su turno, y al amanecer despunta la hierba; en la mañana viene la flor y se abre y en la tarde se marchita y se seca. Enséñanos lo que valen nuestros días, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?... Compadécete de tus servidores. Cólmanos de tus favores por la mañana, que tengamos siempre risa y alegría. Que la dulzura del Señor nos cubra y que él confirme la obra de nuestras manos. September 06, 2013 at 05:00PM

10:54
prefiero suplicarte en nombre del amor, Yo, Pablo, ya anciano y ahora prisionero a causa de Cristo Jesús, te suplico en favor de mi hijo Onésimo, al que engendré en la prisión. Te lo envío como si fuera yo mismo. Con gusto lo hubiera retenido a mi lado, para que me sirviera en tu nombre mientras estoy prisionero a causa del Evangelio. Pero no he querido realizar nada sin tu consentimiento, para que el beneficio que me haces no sea forzado, sino voluntario. Tal vez, él se apartó de ti por un instante, a fin de que lo recuperes para siempre, no ya como un esclavo, sino como algo mucho mejor, como un hermano querido. Si es tan querido para mí, cuánto más lo será para ti, que estás unido a él por lazos humanos y en el Señor. Por eso, si me consideras un amigo, recíbelo como a mi mismo. September 06, 2013 at 05:00PM

10:54
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. September 06, 2013 at 05:00PM

00:09
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 1-5

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado? Y Jesús les respondió: ¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban? Y les dijo: El Hijo del hombre es señor del sábado.


Oración introductoria


Señor, te alabo y te bendigo por todo lo que has hecho para nosotros. Gracias por tus dones. No permitas que una actitud farisaica me aleje de tu ley del amor. Que esta oración guíe mi día para amarte hoy más que ayer, porque sólo Tú eres digno de ser amado sobre todas las cosas.


Petición


Dios mío, te pido me concedas vivir con fidelidad el primer mandamiento de tu Ley que me manda amarte con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.


Meditación del Papa Francisco


La Palabra de Jesús va al corazón porque es Palabra de amor, es palabra bella y lleva al amor, nos hace amar. Estos cortan el camino del amor: los ideólogos. Y también el de la belleza. Y se pusieron a discutir ásperamente entre ellos: "¿Cómo puede éste darnos de comer su carne?". ¡Todo un problema de intelecto! Y cuando entra la ideología en la Iglesia, cuando entra la ideología en la inteligencia del Evangelio, no se entiende nada.

Son los que caminan sólo por el camino del deber: es el moralismo de cuantos pretenden realizar del Evangelio sólo lo que entienden con la cabeza. No están en el camino de la conversión, esa conversión a la que nos invita Jesús: Y estos, por el camino del deber, cargan todo sobre las espaldas de los fieles. Los ideólogos falsifican el Evangelio. Toda interpretación ideológica, independientemente de donde venga –de una parte o de otra– es una falsificación del Evangelio. (S.S. Francisco, 19 de abril de 2013).


Reflexión


Jesús, caminando con los suyos, atraviesa un sembrado. Una jornada de normalidad en donde se dan cita el hambre, el cansancio y las preguntas sobre la Ley.


Comer las espigas en día de sábado suponía el esfuerzo de desgranarlas con las manos, y ese trabajo no estaba permitido hacer en sábado; por eso los celosos de la guarda de la Ley recriminan a los discípulos y se atreven a encararse con Jesús.


Si Jesús ha venido al mundo y se ha hecho uno entre los hombres es para decir al hombre que está salvado; que los mandamientos de “santificar las fiestas, no trabajar en sábado... son caminos por los que el hombre va a Dios, disposiciones que hacen encontrar al hombre la plenitud de su ser. La Ley por si misma no tiene sentido, es la pedagogía de Dios que ayuda al hombre a hacerse más humano y a la vez mas cercano a su fin.


Jesús es señor del sábado, está por encima de toda norma y quiere enseñar a los suyos que con un corazón libre todo es posible de realizar, porque lo importante es cumplir la voluntad de Dios con un corazón sencillo y verdadero. No podemos dejar que las cosas nos esclavicen, debemos usarlas para nuestra realización personal con la libertad de saber prescindir de ellas porque creemos que Dios es nuestro único todo, nuestra plenitud.


Propósito


Hacer una oración por las personas que critican a la Iglesia, y a sus pastores, para que encuentren el camino a su conversión.



September 06, 2013 at 11:27PM

Hermanos Franciscanos

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