08/05/14

10:47
Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

10:47
¡El Señor reina! Alégrese la tierra, regocíjense las islas incontables. Nubes y Tinieblas lo rodean, la Justicia y el Derecho son la base de su trono. Las montañas se derriten como cera delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra. Los cielos proclaman su justicia y todos los pueblos contemplan su gloria. Porque tú, Señor, eres el Altísimo: estás por encima de toda la tierra, mucho más alto que todos los dioses.

10:47
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo". Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".

10:46
Hoy, en efecto, el Señor ha aparecido verdaderamente en la montaña. Hoy la naturaleza humana, creada al principio a imagen de Dios, pero oscurecida por las figuras deformantes de los ídolos, ha sido trasfigurada en la antigua belleza del hombre creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26-27). Hoy en la montaña, la naturaleza, que se había extraviado en la idolatría en las montañas, ha sido transformada sin dejar de ser la misma, y ha brillado con la claridad resplandeciente de la divinidad. Hoy, en la montaña, el que estaba vestido con sombrías y tristes túnicas de pieles, de que habla el Génesis (cf. 3, 21), se ha puesto el vestido divino, envolviéndose en la luz como en un manto (Sal 103,2). Moisés contempla de nuevo el fuego que no consumía el matorral (Ex 3,2), pero que da la vida a toda carne […], y dice: "ahora te veo, tú que existes verdaderamente y por siempre, tú que estás con el Padre y que me dijiste: 'Yo soy el que soy' (v. 14) […] Ahora te veo, tú al que deseaba ver en otro tiempo diciendo: 'Déjame contemplar tu gloria' (ex 33,18). Tampoco te veo de espaldas, escondido en el hueco del peñasco (v. 23), pero te veo, Dios lleno de amor por los hombres, escondido en una forma humana. No me proteges con tu derecha (v. 22), pero eres la Derecha del Altísimo revelada en el mundo. A la vez eres el mediador de la Antigua y de la Nueva Alianza, El Dios antiguo y el hombre nuevo. […] "Tú que me dijiste sobre el Sinaí: 'un ser humano no puede verme y quedar con vida' (v. 20), cómo podemos contemplarte ahora cara a cara sobre la tierra, en la carne? ¿Cómo vives entre los hombres? ¿Tú que eres la vida y que das la vida, cómo te apresuras hacia la muerte? ¿Tú que permaneces entre los seres en lo más alto de los cielos, cómo te acercas hacia los seres más dejados aquí abajo, hacia los que murieron? [...] Porque quieres aparecer también en los que se durmieron desde hace siglos, visitar a los patriarcas en la estancia de los muertos, bajar a librar a Adán de sus dolores" […] Porque así es como "resplandecerán los justos en el momento de la resurrección" (Mt 13,43); así es como serán glorificados, así como serán transfigurados.

Hermanos Franciscanos

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