05/18/15

10:49
Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: "Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús. Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios. Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme. Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios."

10:49
Tú derramaste una lluvia generosa, Señor: tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste; allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre. ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación! El carga con nosotros día tras día; él es el Dios que nos salva y nos hace escapar de la muerte.

10:49
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.

10:49
«He manifestado tu Nombre a los hombres.» Estas palabras incluyen, en el pensamiento del Salvador, todos los que creerían en él al ser miembros de esta gran Iglesia de la que forman parte todas las naciones, y de la cual el salmista ha dicho: «Te daré gracias en la gran asamblea» (Salmo 21,26). Así pues es, verdaderamente, esta glorificación por la cual el Hijo da gloria al Padre propagando el conocimiento de su Nombre entre las naciones y a las innombrables generaciones humanas. Cuando dice: «He manifestado tu Nombre a los hombres que me has dado», esto se refiere a lo que precede: «Te he glorificado sobre la tierra...» «He manifestado tu Nombre a los hombres que me has dado»: no el nombre de Dios, sino el nombre de Padre. Este nombre no podía manifestarlo nadie más que el Hijo. Efectivamente, no hay ningún pueblo que, incluso antes de creer en Jesucristo, no haya tenido un cierto conocimiento de Dios como el Dios de toda la creación. Porque el poder del Dios verdadero es de tal magnitud que no puede estar escondido en una criatura razonable que quiere usar de su espíritu. Excepto un pequeño número de individuos cuyo carácter ha llegado a la depravación, todo el género humano reconoce a Dios como al autor de este mundo... Pero el nombre de Padre de Jesucristo, por el cual él quita el pecado del mundo, no era, en absoluto, conocido, y es éste nombre el que el Señor manifiesta a aquellos que su Padre le ha dado.

Hermanos Franciscanos

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