09/28/15

11:30
Yo estuve mirando hasta que fueron colocados unos tronos y un Anciano se sentó. Su vestidura era blanca como la nieve y los cabellos de su cabeza como la lana pura; su trono, llamas de fuego, con ruedas de fuego ardiente. Un río de fuego brotaba y corría delante de él. Miles de millares lo servían, y centenares de miles estaban de pie en su presencia. El tribunal se sentó y fueron abiertos unos libros Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él. Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

11:30
Te doy gracias, Señor, de todo corazón, te cantaré en presencia de los ángeles. y me postro ante tu Templo santo. Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, pues tu palabra ha superado tu renombre. y me postro ante tu Templo santo. Doy gracias a tu nombre por tu amor y tu verdad, pues tu palabra ha superado tu renombre. Me postraré ante tu santo Templo. y daré gracias a tu Nombre por tu amor y tu fidelidad. poque tu promesa ha superado tu renombre. Me respondiste cada vez que te invoqué y aumentaste la fuerza de mi alma. Que los reyes de la tierra te bendigan al oír las palabras de tu boca, y canten los designios del Señor, porque la gloria del Señor es grande.

11:30
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez". "¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera". Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía". Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."

11:30
    «Los cielos han sido consolidados por la palabra del Señor  y todos sus ejércitos por el aliento de sus boca » (sal 32,6…) ¿Cómo no pensar en la Trinidad : el Señor que ordena, la Palabra que crea, el Espíritu que consolida? ¿Qué quiere decir «consolidar» sino perfeccionar en la santidad, esta palabra que designaba ciertamente, estar sólidamente establecido en el bien? Pero, sin Espíritu Santo no hay santidad, porque las fuerzas del cielo no son santas por su propia naturaleza, pues, de no ser así, no habría diferencia entre ellas y el Espíritu Santo; ellas reciben del Espíritu Santo la medida de su santidad según el lugar que ocupa cada una de ellas.     La sustancia de los ángeles es, posiblemente, un aliento –que es aire- o un fuego material. En un salmo se dice : «Tienes a los vientos por mensajeros y por servidores unas llamas de fuego» (sal 103,4). Es por esta razón que pueden estar en un lugar y, seguidamente aparecer visibles bajo un aspecto corporal a los que son dignos de ello. Pero la santidad… se les comunica por el Espíritu Santo. Y los ángeles conservan su dignidad perseverando en el bien, guardando la elección de la que han sido objetos ; y ellos escogen el no alejarse jamás del verdadero bien… ¿Cómo los ángeles podrían decir : «Gloria a Dios en las alturas» (Lc 2,4) sino es por el Espíritu Santo? En efecto «nadie puede decir: ‘Jesús es el Señor’ si no es en el Espíritu Santo; y nadie, si habla por el Espíritu de Dios, puede decir: ‘Maldito sea Jesús’» (1Co 1,16). Es eso, precisamente, lo que habrán dicho los espíritus malos, adversarios de Dios… en su libre arbitrio… ¿Podrían todos  los poderes invisibles (Col 1,16) tener una vida bienaventurada si no pudieran contemplar sin cesar el rostro del Padre que está en los cielos? (Mt, 8,10) Ahora bien, esta visión no se puede tener sin el Espíritu… ¿Podrían decir los serafines: «Santo, Santo, Santo» (Is 6,3) si el Espíritu no les hubiera enseñado esta alabanza? Si todos esos ángeles y todas estas fuerzas alaban a Dios (sl 148,2), si millares y millares de ángeles e innumerables miríadas de ministros están siempre junto a Él, es por la  fuerza del Espíritu Santo que rige toda esta armonía celestial e indecible en el servicio de Dios y en un mutuo acuerdo.

Hermanos Franciscanos

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