11/27/15

23:12
Bloch-Sermon_On_The_Mount

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                  “Verbum Spei”     
           “Palabra de Esperanza” 
     verbumspei.wordpress.com
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34° Sábado Tiempo Ordinario
El Evangelio de hoy
Lucas 21, 34-36

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tengan cuidado: que no se embote la mente con el vicio, la bebida y las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre ustedes, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estén en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengan fuerza y escapen a todo lo que está para venir, y puedan estar en pie delante del Hijo del hombre. 

Reflexión
En nuestras vidas hay “sorpresas” que en realidad no lo son tanto. No debería sorprendernos que llegue así la cuenta mensual del teléfono, si hemos estado haciendo largas llamadas al exterior. Para quien se dedica a los estudios y no se ha dedicado responsablemente a ellos, es lógico que al llegar al examen “le sorprenda” lo difícil que es. ¡Era de esperar! Nosotros mismos preparamos y fraguamos estas sorpresas, que pueden resultar desagradables o negativas.
Pero sucede lo mismo en sentido positivo. Quien cumple su trabajo con profesionalidad, es emprendedor y tiene iniciativa, está “preparándose” una buena sorpresa, que puede ser un ascenso de puesto, más prestaciones, etc. De nosotros depende, entonces, que muchas situaciones del futuro sean buenas o malas.
Por eso, el Señor nos recomienda vigilar y orar; estar activos, construyendo nuestras vidas. Vigilar y orar para descubrir si estamos aprovechando al máximo el tiempo presente, ¡no vaya a ser que nos estemos preparando una sorpresa desagradable para el futuro!

Oración:
Señor Jesús, dame la gracia de la perseverancia final. Amén

Acción:
Hoy debemos prepararnos en el Adviento, orando y meditando para estar preparados a la venida de Jesús.
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            “Nuntium Verbi Dei  
“Mensaje de la palabra de Dios”
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11:23
Yo, Daniel, quedé profundamente turbado en mi espíritu, y las visiones de mi imaginación me llenaron de espanto. Me acerqué a uno de los que estaban de pie y le pregunté la verdad acerca de todo aquello. El me habló y me hizo conocer la interpretación de las cosas. "Esos cuatro animales enormes son cuatro reyes que se alzarán de la tierra; y los Santos del Altísimo recibirán la realeza, y la poseerán para siempre, por los siglos de los siglos". Entonces quise saber la verdad acerca del cuarto animal, que era diferente de todos los demás, extremadamente horrible, y que tenía dientes de hierro y garras de bronce: el que devoraba, trituraba y pisoteaba el resto con las patas; y también acerca de los diez cuernos de su cabeza, y del otro cuerno que se había elevado y ante el cual habían caído tres; es decir, el cuerno que tenía ojos y una boca que hablaba con insolencia, y que parecía más grande que los otros. Yo miraba, y este cuerno hacía la guerra a los Santos del Altísimo y prevalecía sobre ellos, hasta que vino el Anciano, se hizo justicia a los Santos del Altísimo y llegó el momento en que los Santos entraron en posesión de la realeza. El habló así: "En lo que respecta al cuarto animal, habrá sobre la tierra un cuarto reino, diferente de todos los reinos: él devorará toda la tierra, la pisoteará y la triturará. En cuanto a los diez cuernos, de este reino surgirán diez reyes, y otro surgirá después de ellos: será diferente de los anteriores y abatirá a tres reyes. Hablará contra el Altísimo y maltratará a los Santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos festivos y la Ley, y los Santos serán puestos en sus manos por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo. Pero luego se sentará el tribunal, y a ese rey se le quitará el dominio, para que sea destruido y aniquilado definitivamente. Y la realeza, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los Santos del Altísimo. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y le obedecerán".

11:23
Todos los hombres, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente! Israel, bendice al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente! Sacerdotes del Señor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente! Servidores del Señor, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente! Espíritus y almas de los justos, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente! Santos y humildes de corazón, bendigan al Señor, ¡alábenlo y glorifíquenlo eternamente!

11:23
Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre".

11:23
“¡Velad!” nos dice Jesús con insistencia. No sólo tenemos que creer sino también velar. No sólo tenemos que amar sino también velar. No sólo hay que obedecer sino también velar. ¿Velar, por qué? A causa del grande, del supremo acontecimiento: la venida de Cristo. Es evidente que aquí se encuentra una llamada especial, un deber que no se nos hubiera ocurrido nunca si Jesús mismo no nos lo hubiese encarecido tanto. Pero ¿qué es, pues, velar?... Aquel vela esperando a Cristo que guarda su espíritu sensible, abierto, despierto, lleno de celo por buscar y honrar a Cristo. Desea encontrarse con él en todos los acontecimientos de la vida. No experimentaría ninguna sorpresa, ningún espanto ni agitación si llegara a saber que allí estaba Cristo. Aquel vela con Cristo (Mt 26,38) que, mirando hacia el futuro, sabe que no debe olvidar el pasado, que no olvida lo que Cristo sufrió por él. Vela con Cristo aquel que, acordándose de él, se asocia a su cruz y a la agonía de Cristo, que lleva con gozo la túnica que Cristo llevó hasta la cruz y que ha abandonado después de su Ascensión. A menudo, en las epístolas, los escritores inspirados experimentan el deseo del segundo advenimiento, pero no olvidan nunca el primero, la crucifixión y la resurrección... Así, el apóstol Pablo invita a los corintios a “esperar la venida del Señor”, pero no deja de avisarlos que hay que “llevar en nuestro cuerpo la muerte del Señor, para que la vida de Cristo Jesús se manifieste en nosotros” (cf 2Cor 4,10). El recuerdo de lo que Cristo es ahora para nosotros, no nos debe hacer olvidar lo que fue por nosotros... Velar es, pues, vivir desapegado de lo presente, vivir en lo invisible, vivir con el pensamiento en Cristo tal como vino la primera vez y tal como vendrá en su segunda venida, desear esta segunda venida recordando con amor y gratitud la primera.

06:40
Bloch-Sermon_On_The_Mount

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34° Viernes Tiempo Ordinario
El Evangelio de hoy 
Lucas 21, 29-33

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: “Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”.

Reflexión:
Al terminar nuestro ciclo litúrgico, la Iglesia nos trae a la memoria la palabra de Jesús: “El tiempo pasará pero mis palabras no pasarán”. Han pasado casi dos mil años desde que Jesús anunció esto a sus discípulos y podemos ver cuán estable es la Palabra de Dios, pues todavía sigue siendo la luz de los corazones que se dejan iluminar por ella.
El Reino está realmente cerca, pero esta cercanía no se refiere únicamente a la cuestión cronológica, sino a la vecindad que hay entre éste y nosotros. Basta dejarse llenar de esta luz de Dios, luz que viene de la Revelación, para que se abra ante nosotros el panorama del Reino. 
Dios está con nosotros y nos acompañará hasta el final de los siglos. Estemos atentos a las manifestaciones de Dios en nuestra vida y dejemos que esta Palabra que no pasa, sea siempre nuestra fuente de sabiduría y manjar del corazón. 
(Evangelización Activa).

Oración:
Señor, a ti sea la soberanía, la gloria y el reino, porque has vencido al Maligno con poder y autoridad y me has dado la victoria. Mientras viva, sólo a ti te serviré.

Acción:
Haré un alto en mi camino para ver cuánto crecí espiritualmente durante este año litúrgico, y me fijaré metas para el siguiente ciclo que comienza.
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“Mensaje de la palabra de Dios”
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Hermanos Franciscanos

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