01/01/16

10:55
Queridos hermanos: ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo no está unido al Padre; el que reconoce al Hijo también está unido al Padre. En cuanto a ustedes, permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio: de esa manera, permanecerán también en el Hijo y en el Padre. La promesa que él nos hizo es esta: la Vida eterna. Esto es lo que quería escribirles acerca de los que intentan engañarlos. Pero la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Y ya que esa unción los instruye en todo y ella es verdadera y no miente, permanezcan en él, como ella les ha enseñado. Sí, permanezcan en él, hijos míos, para que cuando él se manifieste, tengamos plena confianza, y no sintamos vergüenza ante él en el Día de su Venida.

10:55
Canten al Señor un canto nuevo, porque él hizo maravillas: su mano derecha y su santo brazo le obtuvieron la victoria. El Señor manifestó su victoria, reveló su justicia a los ojos de las naciones: se acordó de su amor y fidelidad en favor de la casa de Is rael. Todos, hasta los confines del mundo, han visto la salvación de nuestro Dios. se acordó de su amor y fidelidad en favor de la casa de Is rael. Todos, hasta los confines del mundo, han visto la salvación de nuestro Dios. se acordó de su amor y su fidelidad en favor del pueblo de Israel. Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios. Aclame al Señor toda la tierra, prorrumpan en cantos jubilosos.

10:55
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?". El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías". "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió. Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?". Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?". Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

10:55
Como es lógico Juan, el evangelista, es el que introduce a Juan Bautista dentro de su discurso sobre Dios, «una sima grita a otra sima» en la voz de los misterios divinos (Sl 41,8): el evangelista narra la historia del Precursor. El que ha recibido la gracia de conocer «la Palabra que ya existía en el principio (Jn 1,1) nos informa sobre aquel que ha recibido la gracia de venir antes que la Palabra encarnada... No dice simplemente: surgió un enviado de Dios, sino «surgió un hombre (Jn 1,6). Habla así con el fin de distinguir al Precursor, que participa tan sólo de la humanidad, del hombre que, uniendo estrechamente en él divinidad y humanidad, vino después; ello con el fin de separar la voz que pasa de la Palabra que permanece para siempre de modo inmutable, para sugerir que uno es la estrella de la mañana que aparece en la aurora del Reino de los cielos, y declarar que este otro es el Sol de justicia que le sucede (Ml 3,20). Distingue al testigo del que lo envía, la lámpara vacilante de la luz espléndida que llena el universo (cf Jn 5,35) y que disipa las tinieblas de la muerte y de los pecados para todo el género humano... «Un hombre fue enviado.» ¿Por quién? Por el Dios Palabra a quien ha precedido. Su misión era ser Precursor. Es con un grito que envía su palabra delante de él: «Una voz grita en el desierto» (Mt 3,3). El mensajero prepara la venida del Señor. «Se llamaba Juan» (Jn 1,6) significando que la gracia le ha sido dada para ser el Precursor del Rey de reyes, el revelador de la Palabra desconocida. El que bautizaría en vistas al nacimiento espiritual, el que, a través de su palabra y su martirio, sería el testigo de la luz eterna.

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                  “Verbum Spei”     
           “Palabra de Esperanza” 
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1° Viernes Navidad  1°Enero
El Evangelio de hoy 
Lucas 2,16-21

En aquel tiempo, los pastores Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido”

Reflexión:
El Niño Jesús nos enseña lo que es verdaderamente importante en nuestra vida. Nace en la pobreza del mundo, porque no hay un puesto en la posada para Él y su familia. Encuentra cobijo y amparo en un establo y viene recostado en un pesebre de animales. Y, sin embargo, de esta nada brota la luz de la gloria de Dios. Desde aquí, comienza para los hombres de corazón sencillo el camino de la verdadera liberación y del rescate perpetuo.
En una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Él nos llama a tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante.
En un mundo, a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y el poner en práctica la voluntad de Dios.
Ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración.
(Papa Francisco).

Oración:
Señor Jesús, gracias por todas las bendiciones que me has regado durante el año pasado. Siento que las gracias recibidas en cada paso que di encontré una maravillosa actuación del poder transformador de tu amor. Amén.

Acción:
Hoy dedicaré el rezo del Rosario a la Madre de Dios, pidiendo que me conceda la gracia de amar mas al Niño Dios.
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            “Nuntium Verbi Dei  
“Mensaje de la palabra de Dios”
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1° Jueves Navidad  31 diciembre
El Evangelio de hoy 
Juan 1, 1-18

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.
Ya en el principio él estaba con Dios.
Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe.
El era la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas 
y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino testigo de la luz. 
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció. 
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; pero a todos los que lo recibieron les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, los cuales no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, sino que nacieron de Dios. 
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros.
Hemos visto su gloria, gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:
“A éste me refería cuando dije:
‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo‘ “. 
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.
Porque la ley fue dada por medio de Moisés, mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.
A Dios nadie le ha visto jamás.
El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha revelado.

Reflexión:
La lectura que nos presenta hoy la liturgia, nos habla de la preexistencia del Verbo. Con ello expresa la fe de la Iglesia de que Jesús, a quien celebramos ahora por su nacimiento, es verdaderamente Dios. Esto es una cosa increíble, que poco nos detenemos a pensar, imagínate: Dios, el Eterno, el que hizo todo el universo, estuvo vestido con nuestra propia carne y habitó entre nosotros y lo podían ahora contemplar con sus propios ojos los pastores, y sobre todo, María Santísima y san José. 
No creo que podamos nosotros tener una idea de lo que sentiría María Santísima, que había recibido la noticia de que Jesús era el Verbo Eterno, y ahora lo veía como un humano; ¿Qué pasaría por su corazón y por su mente? Desafortunadamente para nosotros, los cristianos de este siglo, la fiesta de Navidad ya no es misterio, sino sólo fiesta. 
Es necesario volvernos a poner de rodillas delante del pesebre de Jesús, y como san Francisco de Asís (que fue quien instituyó el nacimiento), mientras nuestros ojos contemplan las figuras de barro o porcelana, dejemos que nuestra imaginación regrese al momento mismo del nacimiento de Jesús y que así, de rodillas, le pidamos al Espíritu Santo poder entrar de nuevo en el misterio de la Encarnación y que con su luz maravillosa nos muestre, lo fascinante de este misterio. Date tiempo hoy para tener un rato de oración y contemplación delante del Hijo Único de Dios encarnado, Jesucristo, nuestro Señor.
(Evangelización Activa).

Oración:
Señor Jesús, sé que hay muchos confundidos que anuncian cosas contrarias a la fe con una convicción tan profunda que llevan a muchos a su misma confusión. Dame la gracia de anunciar tu verdad, la única verdad, con tal convicción que ayude a mucha gente a volverse de su confusión. Amén.

Acción:
Hoy recordaré a todas aquellas personas que conozco que se separaron de la Iglesia por alguna confusión en sus mentes, o por alguna mala experiencia; oraré por ellos y me aseguraré que en adelante reciban, de parte mía, un testimonio intachable de conducta y del amor de Dios. 
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            “Nuntium Verbi Dei  
“Mensaje de la palabra de Dios”
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Hermanos Franciscanos

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