11/01/16

23:57
Bloch-Sermon_On_The_Mount


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               *”Verbum Spei”*

        _”Palabra de Esperanza”_

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*Conmemoración de los fieles difuntos*

*El Evangelio de hoy*

*Lucas 23, 44-46. 50. 52-53; 24, 1-6*
Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” Y dicho esto, expiró.

Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía.

El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Estando ellas todas desconcertadas por esto, se les presentaron dos varones con vestidos resplandecientes. Como ellas se llenaron de miedo e inclinaron el rostro a tierra, los varones les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado”. 

*Reflexión:*

Cuando Jesús corregía a los saduceos sobre su visión de la vida después de la muerte, les dice: “No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven”. Jesús nos enseña de este modo, algo esencial: la vida es lo único que Dios quiere y da; por eso Jesús decía “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, refiriéndose a esta vida que vivimos en el cuerpo, pero también en previsión de la vida eterna.

La muerte no es el final; es decir, para el ser humano no todo termina con la muerte, para los que vivimos en Cristo, para quienes le hemos aceptado por el bautismo, estamos llamados a una vida que no termina ni acaba, una vida plena y perfecta, lo que llamamos la vida eterna. Al celebrar a quienes han muerto confiando en la misericordia de Dios, queremos confesar que confiamos en que esa aspiración humana a la vida perfecta, se realiza como don de Dios con la resurrección de Jesús, que es el anticipo de la nuestra propia resurrección. 

(Evangelización Activa).

*Oración:*

Señor Jesús, gracias por haberme redimido y por haber resucitado. ¡Qué triste sería nuestra vida si todo terminara con la cruz! Pero estás vivo y cerca de mí. Amén.
*Acción:*

Hoy rezaré un misterio del rosario por las personas que he conocido y han fallecido en este último año.

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         *”Nuntium Verbi Dei”*   

_”Mensaje de la palabra de Dios”_

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22:47

Por: H. Cristian Gutiérrez LC | Fuente: www.missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Gracias, Señor, por esta nueva oportunidad que me das para estar contigo. Te quiero, y por ello estoy delante de Ti para acompañarte, hablarte y conocerte más. Vengo ante Ti confiado en que atenderás mi oración y me concederás lo que más necesito en este momento. Creo en Ti y en tu Palabra que jamás engaña, que siempre me es fiel. Señor aumenta mi fe, esperanza y caridad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Lucas 23, 44-46. 50. 52-53; 24, 1-6

Era casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”. Y dicho esto, expiró.

Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no había puesto a nadie todavía.

El primer día después del sábado, muy de mañana, llegaron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Encontraron que la piedra ya había sido retirada del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Hoy la Iglesia me ofrece este día el recuerdo de todos los fieles difuntos para encomendarlos en este rato de oración. Por ello, Señor, no quiero dejar de lado esta intención que pongo en tus manos.

El Evangelio que hoy me presentas me recuerda los momentos centrales de mi fe cristiana: tu muerte y tu resurrección. Puede ser que ya me haya acostumbrado a estos hechos tan importantes de mi vida. Podría, Señor, en este tiempo de oración detenerme a considerar cómo es que de verdad esto ha sucedido. ¡Verdaderamente moriste y resucitaste por mí! No es una fábula, un invento o un mito. Es una realidad. Eres el Dios que me amó hasta el extremo de dar la vida por mí.

Con frecuencia veo en varias partes un crucifijo, pero ya poco dice a mi vida. Aquella terrible imagen ha pasado a formar parte de las miles de imágenes que observo día tras día. Aunque no lo quisiera, Señor, me he acostumbrado a verte crucificado. Podría en este rato tomar un crucifijo en mis manos y tan solo mirarte allí clavado por amor a mí. ¡Por mí!

¡Cuánto amor descubro en estos hechos! Pensar que no te bastó para demostrarme tu amor el bajar del cielo y hacerte como una de tus creaturas, hacerte hombre. Un ser humano como yo. Pero para Ti era todavía demasiado poco y decidiste pasar tres años en la enseñanza de cómo debía de vivir para alcanzar la vida eterna.

Y fuiste aún más allá. Me amabas tanto que quisiste dar tu vida por mí, en mi lugar, a cambio mío y sufrir una muerte dolorosa y terrible. Pero el amor es más fuerte que la muerte y por ello no te podías quedar en el sepulcro. La fuerza del amor por mí te llevó a levantarte de la tumba y salir vivo a buscarme y esperar mi amor.

Gracias, Señor, por haberme redimido y por haber resucitado. ¡Qué triste sería nuestra vida si todo terminara con la cruz! Pero estás vivo y cerca de mí. Tú me prometes una resurrección en la cual pueda recibir tu amor y amarte sin medida.

«No olvidemos las obras de misericordia espirituales: aconsejar a los que dudan, enseñar a los ignorantes, advertir a los pecadores, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, soportar pacientemente a las personas molestas, rezar a Dios por los vivos y los difuntos. Como ven, la misericordia no es “buenismo”, ni un mero sentimentalismo. Aquí se demuestra la autenticidad de nuestro ser discípulos de Jesús, de nuestra credibilidad como cristianos en el mundo de hoy.»
(Mensaje del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud, 2015)

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy rezaré un misterio del rosario por las personas que he conocido y han fallecido en este último año.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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