08/11/17

23:28

Por: H. Javier Castellanos, L.C. | Fuente: missionkits.org

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, que lleve yo el amor.

Donde haya ofensa, que lleve yo el perdón.

Donde haya discordia, que lleve yo la unión.

Donde haya duda, que lleve yo la fe.

Donde haya error, que lleve yo la Verdad.

Donde haya desesperación, que lleve yo la alegría.

Donde haya tinieblas, que lleve yo tu Luz. (Oración de san Francisco de Asís)

Evangelio del día (para orientar tu meditación)

Del santo Evangelio según san Mateo 17,14-20

En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: "Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo".

Entonces Jesús exclamó: "¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho". Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.

Después al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?". Les respondió Jesús: "Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: 'Trasládate de aquí para allá', y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes".

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús hizo dos cosas en sus tres años de misión: predicar y curar. Poco a poco, reunió al grupo de los Doce apóstoles y les fue formando en la misma misión. Sin embargo, hoy en el Evangelio encontramos que los apóstoles son incapaces de curar a un endemoniado. ¿Qué había pasado con el poder que habían recibido del Señor?

Cristo ciertamente escogió a los Doce para ser sus mediadores. De verdad tenían en sus manos un poder divino para sanar y liberar; lo experimentaron cuando fueron enviados por toda Judea. El padre de familia se acercó con la fe de que su hijo sería curado. Pero la fe no es sólo del que pide la gracia, sino también del mediador. Cristo nos ha llamado a cada uno para continuar su misión, extender su gracia, sanar a tantas personas con nuestra vida, nuestro ejemplo y nuestro consejo. Miles de personas necesitan ese poder que tenemos en nuestras manos de cristianos. Pero ese poder tan inmenso sólo será fecundo si cuenta con una pequeña semilla: la fe. ¡Dios quiere actuar a través de nosotros! ¡Cristo quiere que seamos sus manos, sus pies, sus labios! Pero… ¿lo creemos realmente? ¿Tenemos la semilla de mostaza?

Somos mediadores también cuando pedimos por la paz, por nuestro país, por los gobernantes, por los pobres y por los necesitados, por nuestros seres queridos y por la gente que nos persigue. Somos mediadores cuando pedimos a Dios –incluso en esta oración– que sane tantas heridas y libre al mundo del Maligno. Pidamos también a Cristo ser mediadores llenos de fe: que no pongamos ningún obstáculo, que creamos en lo imposible. Porque nuestra confianza está en Él. Y para Él nada es imposible.

La fe, incluso si es pequeña como un grano de mostaza, es capaz de mover montañas. Cuantas veces la fuerza de la fe ha permitido pronunciar la palabra perdón en condiciones humanamente imposibles. Personas que han padecido violencias o abusos en sí mismas o en sus seres queridos o en sus bienes. Sólo la fuerza de Dios, la misericordia, puede curar ciertas heridas. Y donde se responde a la violencia con el perdón, allí también el amor que derrota toda forma de mal puede conquistar el corazón de quien se ha equivocado. Y así, entre las víctimas y entre los culpables, Dios suscita auténticos testimonios y obreros de la misericordia.
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de noviembre de 2016).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy me interesaré por las dificultades de un compañero o compañera de trabajo o estudio, ofreciendo mi apoyo en un momento del día o rezando un misterio del rosario por él o ella.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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10:45
Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. Atalas a tu mano como un signo, y que estén como una marca sobre tu frente. Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes. Cuando el Señor, tu Dios te introduzca en la tierra que él te dará, porque así lo juró a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob- en ciudades grandes y prósperas que tú no levantaste; en casas colmadas de toda clase de bienes, que tú no acumulaste; en pozos que tú no cavaste; en viñedos y olivares que tú no plantaste- y cuando comas hasta saciarte, ten cuidado de no olvidar al Señor que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud. Teme al Señor, tu Dios, sírvelo y jura por su Nombre.

10:45
Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. Mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoqué al Señor, que es digno de alabanza y quedé a salvo de mis enemigos. ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación ! Él concede grandes victorias a su rey y trata con fidelidad a su Ungido, a David y a su descendencia para siempre.

10:45
Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar". Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí". Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?". "Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".

10:45
“Señor, auméntanos la fe!” (Lc 17,6) Meditemos las palabras de Cristo y digamos: si no permitiéramos a nuestra fe debilitarse o incluso enfriarse y perder su fuerza, poniendo nuestros pensamientos en cosas fútiles y vanas, dejaríamos de dar importancia a las cosas de este mundo, y recogeríamos nuestra fe en un rincón de nuestra alma. La sembraríamos como el grano de mostaza en el jardín de nuestro corazón, después de haber arrancado toda la cizaña, y el grano germinaría. Con una firme confianza en la palabra de Dios trasladaremos montañas de aflicción, mientras que cuando nuestra fe es débil, no desplazaremos ni siquiera un puñado de arena. Para acabar esta conversación, os diré que como todo consuelo espiritual necesita como base la fe, y que nadie más que Dios nos la puede dar, no debemos dejar de pedirla.

01:00
Bloch-Sermon_On_The_Mount

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                *“Verbum Spei”*
         _“Palabra de Esperanza”_

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*18° Viernes Tiempo Ordinario*
*El Evangelio de hoy*
*Mateo 16, 24-28*

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras.
Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey”.

*Reflexión:*
Jesús puso dos condiciones para seguirlo: negarse a sí mismo y tomar la cruz. Es importante el orden en el que Jesús las propone, ya que, quien no es capaz de renunciar a sí mismo, es decir, a no tenerse por alguien importante, a considerar a los demás mejores, en una palabra, a aceptar su realidad de criatura, de su nada, no podrá cargar con la cruz.
Casi todos los estudiosos de la Biblia están de acuerdo en que la expresión “tomar la cruz” fue usada por Jesús pensando en “el ridículo y la humillación” que experimentaban los condenados a la crucifixión, que tenían que pasar por la ciudad cargando el madero y después ser exhibidos públicamente.
En esta procesión, hasta el lugar de la crucifixión, la gente los insultaba, se burlaba de ellos, los escupía y despreciaba. Sólo quien se ha negado a sí mismo, puede afrontar con serenidad los insultos, el ridículo, la incomprensión y las persecuciones por causa del Evangelio. Ciertamente que seguir a Jesús no es fácil, pero vale la pena, pues: ¿de que le sirve al hombre ganar el mundo, si finalmente se pierde a sí mismo? 
(Evangelización Activa).

*Oración:*
Señor Jesús, tú nos enseñas el verdadero sentido que tiene la vida, y tú me lo muestras hoy, consiste en tomar la cruz y en ser generoso en el servicio a los demás. Amén.

*Acción:*
Daré gracias a Dios por esos grandes pasajes de mi historia en los que descubro su mano amorosa. 
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      *“Nuntium Verbi Dei”*
_“Mensaje de la palabra de Dios”_
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