01/26/18

21:34
Bloch-Sermon_On_The_Mount

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*”Verbum Spei”*
_”Palabra de Esperanza”_
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*3° Sábado Tiempo Ordinario*
*El Evangelio de hoy*
*Marcos 4, 35-41*

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.
De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!”
Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”

*Reflexión:*
La vida del cristiano, es eso, una vida vivida con Cristo y al modo de Cristo. Los apóstoles, al igual que hoy los cristianos, somos invitados a compartir nuestro tiempo a su lado, a estar con él, a ocuparnos de él, así como él y el Padre celestial se ocupan de nosotros. La amistad, que es aquello a lo que Jesús nos invita a disfrutar a su lado, es compartir tu tiempo con el ser amado, estar con él, a su lado, disfrutar de su silencio y de sus palabras, de sus comentarios y propuestas, de sus alegrías y de sus tristezas. Compartir es el sentido de la amistad y de toda vida auténticamente humana. El primero que comparte y el que comparte por excelencia es Dios quien nos comparte su don de la vida, nos comparte su Hijo y nos invita a compartir su casa eternamente; Jesús, imagen perfecta del Padre, nos comparte su vida íntima y de comunión con su Padre, nos comparte su palabra y nos comparte al Espíritu Santo.
Esa intimidad que estamos invitados a vivir a su lado, es ante todo un tiempo de compartir; pero por ser él Dios, también le podemos compartir nuestras preocupaciones y alegrías, nuestros pensamientos y nuestro interior, nuestro corazón y nuestro mundo y él, como amigo fiel, se solidariza con nosotros, nos escucha, nos acoge, nos protege, nos estrecha contra su corazón. Los apóstoles no lo han entendido, estar con Jesús, no es signo de eterna bonanza, pero sí de eterna paz, no la paz que viene de que todo marche a la perfección y que todo vaya viento en popa en nuestras vidas, sino de la paz que brota de saber que él está con nosotros, nos protege y se preocupa realmente por nosotros.
No nos olvida y nos toma de la mano, camina a nuestro lado y nos comunica, mediante su Espíritu Santo, la certeza de que jamás estamos solos, ni seremos abandonados, ni seremos defraudados. Dios es fiel siempre y en todo momento. Lo portentoso de estar al lado de Jesús, no es que calme las tempestades, sino que dé sosiego a nuestras agitadas vidas y nos restituya la paz que perdemos en el diario vivir. Jesús tuvo miedo y algunas dudas, pero el Espíritu Santo le otorgó siempre la certeza de que Dios jamás dejaría de tenderle la mano, protegerle y cuidar de él, como lo hace un padre o una madre con su hijo de brazos. Ten fe, la vida es el lugar donde Dios hace maravillas constantemente, sólo aguza los ojos y el corazón y te percatarás de todo lo que hace por ti, día a día.
(Evangelización Activa).

*Oración:*
Señor Jesús, te invito en estos momentos a que subas a mi barca y tomes el timón de mi vida para afrontar las tempestades que se me presenten.
¡Mi alma está sedienta de ti! Amén.

*Acción:*
Hoy daré respuesta.
Buscaré un lugar tranquilo…..
Respira hondo y cierra tus ojos. Mira y detente en aquellos momentos relevantes del día.
¿Qué has aprendido de ti y de lo vivido? ¿A qué te has sentido llamado hoy? ¿Qué persona te sientes llamada a ser?
Concreta una actitud para mañana que te acerque a ese llamado.
Ave María…
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*”Nuntium Verbi Dei”*
_”Mensaje de la palabra de Dios”_
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11:30
Entonces el Señor le envió al profeta Natán. El se presentó a David y le dijo: "Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita". David se enfureció contra aquel hombre y dijo a Natán: "¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión". Entonces Natán dijo a David: "¡Ese hombre eres tú! Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te ungí rey de Israel y te libré de las manos de Saúl; Por eso, la espada nunca más se apartará de tu casa, ya que me has despreciado y has tomado por esposa a la mujer de Urías, el hitita. Así habla el Señor: 'Yo haré surgir de tu misma casa la desgracia contra ti. Arrebataré a tus mujeres ante tus propios ojos y se las daré a otro, que se acostará con ellas en pleno día. Porque tú has obrado ocultamente, pero yo lo haré delante de todo Israel y a la luz del sol'". David dijo a Natán: "¡He pecado contra el Señor!". Natán le respondió: "El Señor, por su parte, ha borrado tu pecado: no morirás. No obstante, porque con esto has ultrajado gravemente al Señor, el niño que te ha nacido morirá sin remedio". Y Natán se fue a su casa. El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y él cayó gravemente enfermo. David recurrió a Dios en favor del niño: ayunó rigurosamente, y cuando se retiraba por la noche, se acostaba en el suelo. Los ancianos de su casa le insistieron para que se levantara del suelo, pero él se negó y no quiso comer nada con ellos.

11:30
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti. ¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío, y mi lengua anunciará tu justicia! Abre mis labios, Señor, y mi boca proclamará tu alabanza.

11:30
Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla". Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?". Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

11:30
Así como el buen soldado no tiene miedo de combatir, así mismo el buen cristiano no le teme a la tentación [...] ¡La tentación más grande es no tener ninguna! Se puede casi decir que estamos felices de tener tentaciones: es el momento de la cosecha espiritual en la que acumulamos para el cielo [...]. Si estuviésemos bien penetrados de la Santa Presencia de Dios, nos resultaría fácil resistirle al enemigo. Con este pensamiento: ¡Dios te ve! no pecaríamos jamás. Había una santa que se quejaba ante nuestro Señor después de la tentación y le decía: « ¿Dónde estabas, pues, mi querido Jesús, durante esta horrible tormenta?». Nuestro Señor le respondió: «estaba en medio de tu corazón…»

Hermanos Franciscanos

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