03/08/18

11:19
Así habla el Señor: Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: "Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más "¡Dios nuestro!" a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión". Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano. Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto. ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

11:19
un decreto que impuso a José, cuando salió de la tierra de Egipto. Oyó, entonces, una voz desconocida: él se la impuso como norma a José, cuando salió de la tierra de Egipto. Yo quité el peso de tus espaldas y tus manos quedaron libres de la carga. En la angustia gritaste y te salvé, te respondí en el secreto de la nube, te puse a prueba en las aguas de Meribá: En la angustia gritaste y te salvé, te respondí en el secreto de la nube, te puse a prueba en las aguas de Meribá: Clamaste en la aflicción, y te salvé. Te respondí oculto entre los truenos, aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá. Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti, ¡ojalá me escucharas, Israel! No tendrás ningún Dios extraño, no adorarás a ningún dios extranjero: Yo soy Yavé, tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto. Abre tu boca y te la llenaré». ¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel siguiera mis caminos! Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo y lo saciaría con miel silvestre.

11:19
Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

11:19
Hay ciertos amores que parecen extremamente grandes y perfectos a los ojos de las creaturas, pero que ante Dios se encontrarán pequeños y sin valor. La razón es que esas amistades no están fundadas en la verdadera caridad, que es hacia Dios, pero solamente en ciertos acuerdos e inclinaciones naturales. Por el contrario, hay otras que parecen extremamente pobres y vacías a los ojos del mundo pero que ante Dios se encontrarán plenas y excelentes porque se han hecho por Dios y en Dios, sin mezclar nuestro propio interés. Los actos de caridad que hacemos de esta manera hacia aquellos que amamos son mil veces más perfectos, en la medida que todo es puramente para Dios, pero los favores y otras ayudas que hacemos a aquellos que amamos por inclinación son menores en mérito, a causa de la gran complacencia y satisfacción que obtenemos al hacerlos, y que, ordinariamente, los hacemos más por ese movimiento que por el amor de Dios. Hay todavía otra razón que hace que las primeras amistades de las cuales hemos hablado sean mínimas ante las ultimas: es que no duran, porque la causa es tan frágil, que desde que llega alguna dificultad, se enfrían y alteran, lo que no ocurre a aquellas que reposan solamente en Dios, porque su causa es sólida y permanente. Los signos de amistad que hacemos contra nuestra propia inclinación hacia las personas contra las cuales sentimos antipatía, son mejores y más agradables a Dios que aquellos que hacemos por afecto sensible. Esto no debe llamarnos a la duplicidad o al disimulo, ya que si tengo un sentimiento contrario éste se encuentra solamente en la parte inferior, y los actos que hago, los hago con la fuerza de la razón, que es la parte principal de mi alma. Es así que aquellos que no tienen nada de amable son felices, pues el amor que se les expresa es excelente, porque está en Dios.

Hermanos Franciscanos

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