04/09/18

10:42
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades. Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

10:42
Reina el Señor, vestido de grandeza, el Señor se revistió de poder, lo ciñó a su cintura, el mundo está ahora firme e inamovible. Reina el Señor, vestido de grandeza, el Señor se revistió de poder, lo ciñó a su cintura, el mundo está ahora firme e inamovible. El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. ¡no se moverá jamás! Tu trono está firme desde siempre, tú existes desde la eternidad. Tus testimonios, Señor, son dignos de fe, la santidad embellece tu Casa a lo largo de los tiempos.

10:42
No te extrañes de que te haya dicho: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.

10:42
¿Quién eres tú, dulce luz que me llena e ilumina las tinieblas de mi corazón? Tú me conduces como la mano de una madre y si me soltaras, no sabría dar un solo paso. Tú eres el espacio que envuelve todo mi ser y lo cobija en ti. Abandonado de ti, me hundiría en el abismo de la nada de donde lo has sacado para levantarlo hasta la luz. Tú, más próximo cercano a mí que no lo estoy yo de mí misma, más íntimo que lo más profundo de mi alma, y sin embargo inalcanzable e inefable, más allá de todo nombre, ¡Espíritu Santo, Amor eterno! ¿No eres Tú el dulce maná que del corazón del Hijo fluye en el mío, alimento de los ángeles y de los bienaventurados? Él, que ha pasado de la muerte a la vida también a mí me ha desvelado desde el sueño de la muerte a una vida nueva. Y día tras día me sigue dando una vida nueva la plenitud de la cual un día me inundará toda entera, vida de tu vida, sí, Tú mismo, ¡Espíritu Santo, Vida eterna!

Hermanos Franciscanos

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