05/01/18

10:41
Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto.

10:41
¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la Casa del Señor!» Nuestros pies ya están pisando tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén, que fuiste construida como ciudad bien compacta y armoniosa. Allí suben las tribus, las tribus del Señor -según es norma en Israel- para celebrar el nombre del Señor. Allí suben las tribus, las tribus del Señor -según es norma en Israel- para celebrar el nombre del Señor. Allí suben las tribus, las tribus del Señor. Según es norma en Israel para celebrar el nombre del Señor. Porque allí está el trono de la justicia, el trono de la casa de David.

10:41
Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

10:41
[Jesús] es nuestro único Maestro que debe enseñarnos, nuestro único Señor de quien debemos depender, nuestra única Cabeza a la que debemos estar unidos, nuestro único Modelo a quien debemos asemejarnos, nuestro único Médico que debe curarnos, nuestro único Pastor que debe alimentarnos, nuestro único Camino que debe conducirnos, nuestra única Verdad que debemos creer,nuestra única Vida que debe vivificarnos y nuestro único Todo que en todo debe bastarnos. No nos ha sido dado bajo el cielo otro nombre por el que nosotros debamos salvarnos. Dios no nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y gloria que Jesucristo: todo edificio que no esté construido sobre esta roca firme, se apoya en arena movediza, e infaliblemente se derrumbará tarde o temprano. Todo fiel que no esté unido a Cristo como el sarmiento a la vid, caerá, se secará y lo echarán al fuego. Si permanecemos en Jesucristo, y Jesucristo en nosotros, no debemos temer a la condenación; ni los ángeles del cielo, ni los hombres de la tierra, ni los demonios del infierno, ninguna creatura podrá hacernos daño, porque nadie podrá separarnos de la caridad de Dios presente en Cristo Jesús.

Hermanos Franciscanos

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