06/26/18

10:49
El sumo sacerdote Jilquías dijo al secretario Safán: "He encontrado el libro de la Ley en la Casa del Señor". Jilquías entregó el libro a Safán, y este lo leyó. Luego el secretario Safán se presentó ante el rey, y le informó, diciendo: "Tus servidores han volcado la plata que se encontraba en la Casa y se la entregaron a los que dirigen las obras, a los encargados de supervisar la Casa del Señor". Luego el secretario Safán anunció al rey "Jilquías, el sacerdote, me ha dado un libro". Y Safán lo leyó delante del rey. Cuando el rey oyó las palabras del libro de la Ley, rasgó sus vestiduras, y dio esta orden a Jilquías, el sacerdote, a Ajicám, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, a Safán, el secretario, y a Asaías, el servidor del rey: "Vayan a consultar al Señor por mí, por todo el pueblo y por todo Judá, acerca de las palabras de este libro que ha sido encontrado. Porque es grande el furor del Señor que se ha encendido contra nosotros, ya que nuestros padres no han obedecido a las palabras de este libro y no han obrado conforme a todo lo que está escrito en él". El rey mandó que se reunieran junto a él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego subió a la Casa del Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de todos los habitantes de Jerusalén - los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el más pequeño al más grande - , y les leyó todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado en la Casa del Señor. Después, de pie sobre el estrado, el rey selló delante del Señor la alianza que obliga a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, sus testimonios y sus preceptos, de todo corazón y con toda el alma, cumpliendo las palabras de esta alianza escritas en aquel libro. Y todo el pueblo se comprometió en la alianza.

10:49
Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos, y yo los cumpliré a la perfección. Instrúyeme, para que observe tu ley y la cumpla de todo corazón. Condúceme por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo puesta mi alegría. Inclina mi corazón hacia tus prescripciones y no hacia la codicia. Aparta de mí el oprobio que temo, porque tus juicios son benignos. Yo deseo tus mandamientos: vivifícame por tu justicia.

10:49
Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de los falsos profetas, que se presentan cubiertos con pieles de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? Así, todo árbol bueno produce frutos buenos y todo árbol malo produce frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo, producir frutos buenos. Al árbol que no produce frutos buenos se lo corta y se lo arroja al fuego. Por sus frutos, entonces, ustedes los reconocerán.

10:49
En toda alma, tres espíritus tienden a dominar. El espíritu de falsedad y de blasfemia que, desde el comienzo, sugiere siempre el contrario a lo que Dios sopla al oído. Está el espíritu del mundo, que nos hace inclinarnos a juzgar las cosas según las máximas se los sentidos y de la prudencia carnal. «La prudencia de este mundo es la locura ante Dios» (1Cor 3:19). Está el Espíritu de Dios inspirándonos a siempre elevar nuestros corazones por encima de la naturaleza (“Sursum corda*”) y a vivir de la fe («Mi justo vive de la fe» He 10:38). Este Espíritu nos inclina sin cesar hacia una fe que ama simplemente, y que nos hace abandonarnos entre las Manos de Dios. Nos llena «del gozo y de la paz que da la fe» (Rm 15:13), y produce los frutos de los que habla san Pablo. Nuestro Señor ha dicho: «los reconocerán por sus frutos» que producen en su alma. Les recomiendo una gran fidelidad a los movimientos del Espíritu Santo. Su bautismo, su confirmación lo han establecido como una fuente viva en sus almas. Escuchen sus murmullos, y ahuyenten las otras inspiraciones de un solo. Si guardan esta fidelidad, poco a poco ese Espíritu divino se convertirá en su guía, y los llevará consigo hasta el Seno de Dios. *Sursum corda: «Elevemos nuestro corazón» introducción en el prefacio de la liturgia.

Hermanos Franciscanos

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