Artículos por "Evangelio meditado"

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús prepara mi corazón para acoger tus palabras.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Qué tanto creo en las palabras de Jesús cuando dice: «Yo les aseguro también que, si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá»?

¿Cómo está mi fe? ¿Por qué creo tan poco en la promesa de Jesús? ¿Será porque me ha «fallado»? ¿Será porque no supe pedir?

Cristo no puede negar una promesa suya porque Él es la Verdad misma, por lo tanto, el demonio se ha metido o he dejado entrar mentiras en mi interior que me ciegan. Él es Padre y sabe cuándo dar a su hijo lo que necesita o pide. A veces pido cosas que me alejarían de Él sin darme cuenta, y como es Padre y Dios y sabe que si me da eso que le estoy pidiendo me va a hacer daño y me va a impedir seguir mi vuelo hacia el cielo, no me lo concede.

Sobre estas palabras de Jesús debo fundar mi seguridad cuando rezo junto a otros, cuando participo en misa, cuando invoco al Espíritu Santo para reuniones o juntas. O cuando los obispos se juntan para guiar a la Iglesia o cuando hay un concilio. Porque «cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos», guiando, consolando, acompañando, amando.

«Jesús nos pide que recemos juntos; que nuestra oración sea sinfónica, con matices personales, diversas acentuaciones, pero que alce de modo conjunto un mismo clamor. Estoy seguro de que hoy rezamos juntos por el rescate de aquellos que estuvieron errados y no por su destrucción, por la justicia y no la venganza, por la reparación en la verdad y no el olvido. Rezamos para cumplir con el lema de esta visita: “¡Demos el primer paso!”, y que este primer paso sea en una dirección común. “Dar el primer paso” es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor. Y Él nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar».
(Homilía de S.S. Francisco, 10 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Crear el hábito de ofrecer mi día, que todo lo que haga sea por amor a Cristo.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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23:51


En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

María enséñame a ser hijo de Dios, como tú lo fuiste.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?".

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: "Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Cómo me voy a hacer niño si tengo 20, 40, 60, u 80 años? Un niño pequeño lo que más necesita es la mirada amorosa de su papá y su mamá. Es dependiente de ellos, no puede vivir por sí solo. El niño sabe que necesita de sus papás y se deja querer por ellos. Pero llega un momento en la vida donde empieza a independizarse poco a poco de sus papás. Primero en la escuela, luego con los amigos, después en la universidad, en el trabajo; es el camino natural de crecimiento. Y a cada uno de nosotros nos sucede lo mismo, ya no buscamos la mirada amorosa de nuestros papás, aunque la sigamos necesitando. El camino espiritual va creciendo a la par del camino físico y también nos empezamos a independizar de nuestro Padre celestial, aun cuando tenemos gran necesidad de Él.

En este Evangelio Jesús nos dice que «nos hagamos como niños»; que nos dejemos querer por Él. Que regresemos a la dependencia de amor que teníamos cuando éramos niños, inocentes y puros. El que es puro recibe a Jesús. Por eso dice: «el que reciba a un niño… me recibe a mí». Él habita en los que viven la infancia espiritual. Seamos como los niños, que, aunque en ocasiones son llorones, hacen berrinche, piden y piden, al final del día saben que todo lo que tienen y son se debe a que su Padre los ama. Seamos hijos amados del Padre. ¿Qué tanto me siento hijo del Padre?

«La Escritura nos habla de la persona humana creada por Dios a imagen suya. ¿Qué otra afirmación más rotunda se puede hacer sobre su dignidad? El Evangelio nos habla del afecto con el que Jesús acogía a los niños, tomándolos en sus brazos y bendiciéndolos, porque “de los que son como ellos es el reino de los cielos”. Y las palabras más fuertes de Jesús son precisamente para el que escandaliza a los más pequeños: “Más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar”. Por lo tanto, debemos dedicarnos a proteger la dignidad de los niños con ternura, pero también con gran determinación, luchando con todas las fuerzas contra esa cultura de descarte que hoy se manifiesta de muchas maneras en detrimento sobre todo de los más débiles y vulnerables, como son precisamente los menores».
(Discurso de S.S. Francisco, 6 de octubre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Agradecerle a Dios por ser mi Padre y por amarme.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Jesús, te quiero, te quiero mucho. Quédate en mi corazón y sigue llenándolo de tu alegría profunda y entusiasmo. Quiero tu paz, quiero tu amor. Quiero, en definitiva, tu Espíritu Santo. Dame luz para profundizar en tus palabras.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme, que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hoy es san Lorenzo y esta noche se podrá observar en el cielo la «lluvia de estrellas» que representa sus lágrimas de dolor mientras ofrecía su vida por Jesús. San Lorenzo fue un diácono nacido en Hispania en tiempo de los romanos. El emperador Valerio dictó una persecución, y el diácono Lorenzo se vio encarcelado y posteriormente abrasado sobre una parrilla.

¿Es cierto que todos los cristianos hemos de morir por Cristo? ¿Qué es eso de la semilla muerta que da fruto? Todos estamos llamados a dar la vida por Cristo, cada uno a la manera que Dios le pida. Unos, será como misioneros. Otros, será trabajando con ejemplaridad y caridad en su oficio diario. Otros… Pero todos siempre con una actitud de fondo: «yo ya no existo, yo estoy muerto para mí mismo». Cuando empezamos a pensar en nuestro bienestar propio, brota la infelicidad de la insatisfacción, incluso cuando nos entregamos al hermano, pero seguimos buscándonos a nosotros.

Si queremos ir detrás del Señor, Él nos pide sólo una cosa: tomemos nuestra cruz, no pensemos tanto en nosotros sino en hacer felices a los demás. Entonces Dios nos honrará como dice el Evangelio, y nos dará una felicidad profunda y mucha fecundidad espiritual. Así, como san Lorenzo dio su vida por el Señor de forma tan brutal sobre el fuego, nosotros la entregamos cada día en el fuego abrasador de la caridad, aun cuando nos saque algunas lágrimas. Morir al mundo es vivir para Cristo.

«Pero quien tiene a Cristo a su propio lado realmente ya no teme a nada. Y por eso los cristianos, los verdaderos cristianos, nunca son hombres fáciles y acomodados. Su mansedumbre no se confunde con un sentido de inseguridad y de sumisión. San Pablo espolea a Timoteo a sufrir por el Evangelio y dice así: “Dios nos ha dado un espíritu de timidez, pero de fuerza, de caridad y de prudencia”. Caídos, se levantan siempre. He aquí, hermanos y hermanas, por qué el cristiano es un misionero de esperanza. No por su mérito, sino gracias a Jesús, el grano de trigo que no cae en la tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto».
(Audiencia de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Sufriré con paciencia las adversidades y defectos que mi prójimo me suponga en este día. Como Sta. Teresita decía, yo seré ese granito de arena que todos puedan pisotear e ignorar, sabiendo que Jesús es el único amor que me importa recibir.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que pueda amarte para querer estar contigo en momentos de dificultad. Que desee estar solo contigo. Ayuda mi fe para que crezca cada día más y me pueda apoyar en ti siempre, sin dudar.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-33

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

No debemos tener miedo de la soledad porque nos puede hacer mucho bien el aprender a estar solos. Es un momento en el que se puede crecer en conocimiento personal y, así, reconocer quiénes somos en lo más profundo de nuestro ser, hijos amados del Padre. Seguramente así eran las oraciones de Cristo, me lo imagino como un niño en presencia de su padre; cada vez sería distinta y siempre con toda la confianza de un hijo que sabe que su padre lo ama infinitamente.

Confiar en Dios significa verlo a lo largo de nuestro peregrinar, especialmente en los momentos oscuros y de dificultad. Señor, ¿eres Tú? Nuestra mente puede que no lo vea, pero nuestro corazón no nos mentiría. Debemos estar seguros que Dios está ahí y que nos sale al encuentro cuando lo necesitamos. San Pedro le pide una señal, pero fue una prueba de su fe porque terminó cayendo en el agua y Jesús lo sacó cuando se estaba ahogando.

Muchas veces Dios nos pedirá que estemos ahí en momentos que nos necesiten los demás para sacarlos de los aprietos en los que se encuentren. Esta es una tarea hermosa porque seremos como Cristo ayudando a la fe de los demás, seremos instrumentos de la gracia de Dios para que pueda llegar a las personas.

Una forma en la que podemos ver cómo está nuestra fe es preguntarnos cómo vemos a Dios en el día a día y si confiamos en que Él será nuestro sostén a través de nuestras pruebas más difíciles. Se puede ver a Dios de diferentes formas dependiendo de lo que tengamos a nuestro alrededor o lo que nos surja en el camino, como también las personas con las que nos relacionamos. Creer en Dios es confiar que nos ayudará como nuestro padre cuando lo necesitamos.

«Habían tenido la misma experiencia en el lago cuando Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. Pero en ese momento Pedro, haciéndose valiente, apostó por el Señor, dijo: “Si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas”. Este día Pedro estaba callado, había hablado con el Señor esa mañana, y nadie sabe lo que se dijeron en ese diálogo y por eso estaba callado. Pero tenían tanto miedo, estaban turbados, que creyeron haber visto un fantasma. Pero él les dice: “¿Por qué os turbáis? ¿Por qué alberga dudas vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies...”, les muestra las llagas. Ese tesoro que Jesús llevó al cielo para mostrárselo al Padre e interceder por nosotros. “Tocadme y mirad; un fantasma no tiene carne ni huesos”. Y luego hay una frase que me da mucho consuelo y por eso, este pasaje del Evangelio es uno de mis favoritos: “No acababan de creérselo a causa de la alegría...”, aún y estaban llenos de asombro, la alegría les impedía creer. Era tanta la alegría que “no, esto no puede ser cierto. Esta alegría no es real, es demasiada alegría”. Y esto les impedía creer. La alegría. Los momentos de gran alegría. Estaban desbordados de alegría, pero paralizados por la alegría».
(Homilía de S.S. Francisco, 16 de abril de 2020).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Poner con confianza mi día en las manos de Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú que conoces mi vida, ayúdame a crecer en mi fe porque la necesito en cada momento. Te pido que me des tu gracia para ver las cosas como Tú las ves y que me ponga a actuar de acuerdo a lo que me inspiras.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20

En aquel tiempo, al llegar Jesús a donde estaba la multitud, se le acercó un hombre, que se puso de rodillas y le dijo: "Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques terribles. Unas veces se cae en la lumbre y otras muchas, en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no han podido curarlo".

Entonces Jesús exclamó: "¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla? Tráiganme aquí al muchacho". Jesús ordenó al demonio que saliera del muchacho, y desde ese momento éste quedó sano.

Después, al quedarse solos con Jesús, los discípulos le preguntaron: "¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera a ese demonio?". Les respondió Jesús: "Porque les falta fe. Pues yo les aseguro que si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a ese monte: 'Trasládate de aquí para allá', y el monte se trasladaría. Entonces nada sería imposible para ustedes".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Todos queremos ser importantes, ser reconocidos, es un deseo que todos tenemos en el corazón. Cuando podemos ayudar a alguien nos sentimos bien por haber hecho algo bueno, y cuando ayudamos a una persona a acercarse a Dios nos podemos sentir como las personas más importantes, pero no podemos perder de vista quién es verdaderamente importante porque nosotros somos solamente instrumentos.

Dios sabe cuándo salir al encuentro de las personas necesitadas. En una ocasión, visitando una biblioteca, me encontré con una señora que al inicio me preguntó quién era porque notaba que tenía algo especial. Sin más le dije que era seminarista y me comenzó a contar su vida que había sido un poco difícil por las relaciones que tuvo. Le aseguré mis oraciones y fue un pequeño momento de gracia porque se puso muy feliz de que la tuviera presente en mis oraciones. Puede ser que Dios no responda al primer momento o que, por cualquier motivo que no es comprensible, no lo haga cuando yo quiero, pero Dios tiene sus tiempos, solo necesitamos estar abiertos a su plan.

La fe es un don, pero nosotros también debemos poner nuestro esfuerzo porque es un cincuenta y cincuenta. La gracia de Dios nos ayuda a creer y poder actuar pues, como dice el evangelio, por la fe se pueden mover hasta las montañas. Es una prueba de que cada uno de nosotros y Dios hacemos un buen equipo, que podemos hacer grandes cosas y milagros, solo tenemos que decirle sí a Dios para ser parte de su equipo.

«Jesús responde con dos imágenes: el grano de mostaza y el siervo disponible. “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: Arráncate y plántate en el mar, y os habría obedecido”. La morera es un árbol fuerte, bien arraigado en la tierra y resistente a los vientos. Jesús, por tanto, quiere hacer comprender que la fe, aunque sea pequeña, puede tener la fuerza para arrancar incluso una morera; y luego trasplantarla al mar, lo cual es algo aún más improbable: pero nada es imposible para los que tienen fe, porque no se apoyan en sus propias fuerzas, sino en Dios, que lo puede todo».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de octubre de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Pedirle a Dios, de manera especial, que cure a los niños que sufren enfermedades crónicas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, te pido que me ayudes a abrir los ojos a tu gracia para amarte conociendo cuánto me has amado Tú primero. Te pido que me concedas la gracia de ver las cosas desde tu perspectiva y poder seguir tu ejemplo cada día.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 16, 24-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras. Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Este Evangelio fue el que escuchó san Francisco Javier antes de su conversión. Le hizo pensar en todo lo que había hecho en su vida hasta ese punto y qué quería hacer de ese hoy en adelante. Cristo te pregunta a ti también hoy, ¿de qué te sirven todas las cosas si pierdes tu alma? Las cosas más importantes, muchas veces, son de gran dificultad, pero nos ayuda a valorarlas el esfuerzo que nos piden.

Cargar la cruz en nuestras vidas significa salir al paso de las dificultades teniendo la mirada en Cristo, así como mirar la cima de una montaña nos ayuda a no desanimarnos, a seguir adelante, pues vemos que cada vez estamos más cerca.

Esta actitud nos propone el Evangelio: tener las prioridades en la mente, saber cuáles son las cosas más importantes y hacer todo lo posible por poner esfuerzo en estas cosas. Es el camino del verdadero héroe que no teme dar la vida por las cosas que son más importantes y que de verdad valen la pena. Y, ¿quién no quisiera seguir este camino de grandes ideales?

Cada día es una nueva oportunidad para tomar la cruz y seguir adelante con la fuerza que nos viene del Señor.

«Enfáticamente les dice: “No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor”. Con esa actitud, el Señor busca recentrar la mirada y el corazón de sus discípulos, no permitiendo que las discusiones estériles y autorreferenciales ganen espacio en el seno de la comunidad. ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se está corroído por dentro? ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se vive atrapado en intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión?».
(Homilía de S.S. Francisco, 28 de junio de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hacer una lista de las cosas más importantes en mi vida y ver dónde he puesto a Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú que conoces lo más íntimo de mí, ayúdame a poner todo mi esfuerzo en conocerte también a Ti de manera profunda para poder comunicar tu amor y mensaje a los demás.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La presencia de Dios en nuestra vida es importante porque en las subidas a las montañas y en los momentos felices, y en los tristes, Él siempre está ahí. De diferentes maneras se hace presente, puede tocarnos de acuerdo a cómo nos sentimos porque nuestro Dios es personal y conoce el corazón humano.

Nuestra vida es como un monte en el que hay subidas y bajadas. La compañía es importante ya que puede cambiar mucho, si la montaña está muy pesada, el ascenso se hace más llevadero. Cuando se llega a la cima se disfruta el logro y, en la mayoría de los lugares, hay vistas preciosas en las que podemos contemplar las maravillas de Dios. Después de un camino difícil nos llega el tiempo de la recompensa.

Muchas veces nos preguntan sobre nuestra decisión de seguir a Cristo porque les sorprende que jóvenes de veinte años le hayan dado la vida a Dios y vivan solo para Él. A primera vista es difícil darse cuenta de la alegría que nos llena de estar consagrados a Dios. Y esto se puede saber cuando nos preguntan cómo tomamos la decisión y porqué seguimos en este camino. Esto está muy ligado a nuestra experiencia de Dios, el hecho de habernos encontrado con una persona que nos ha llenado de felicidad y esa persona es Cristo.

En este día tan especial pidámosle al Señor que nos ayude a encontrarlo en nuestro camino para amarlo más y conocerlo mejor.

«Hay que destacar que, en medio del grupo de los Doce, Jesús elige llevarse a Pedro, Santiago y Juan con Él al monte. Les reservó el privilegio de ser testigos de la Transfiguración. ¿Pero por qué elige a los tres? ¿Porque son los más santos? No. Sin embargo, Pedro, a la hora de la prueba, lo negará; y los dos hermanos Santiago y Juan pedirán ser los primeros en entrar a su reino. Jesús, no obstante, no elige según nuestro criterio, sino según su plan de amor. El amor de Jesús no tiene medida: es amor, y Él elige con ese plan de amor. Es una elección gratuita e incondicional, una iniciativa libre, una amistad divina que no pide nada a cambio. Y así como llamó a esos tres discípulos, también hoy llama a algunos a estar cerca de Él, para poder dar testimonio. Ser testigos de Jesús es un don que no hemos merecido: nos sentimos inadecuados, pero no podemos echarnos atrás con la excusa de nuestra incapacidad».
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de marzo de 2020).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Haré el propósito de ser constante en mis tareas.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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23:51


Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, Tú que eres un Dios personal con un corazón que siente la necesidad del prójimo ayúdame a amar como Tú, que pueda ver la necesidad de los demás y lanzarme a ayudarlos para hacer el bien sin mirar a quien.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús y, postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!”. Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor, pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el camino de la vida nos encontramos con mucha. Algunos son o serán más cercanos y otros pasarán de largo. Los que peditrán nuestra ayuda seguramente recordaremos su nombres y quien sabe, hasta se pueden convertir en nuestros amigos. Jesús después de un día cansado, lleno de largos caminos en el desierto de Israel se encuentra con una señora que le pide desesperada que ayude al ser que más quiere pero por una razón Cristo no le hace caso parece que no escuchara (seguramente hemos tenido está experiencia cuando rezamos). De una forma misteriosa Dios no hace nada cuando le pedimos cosas, necesita tiempo.

Cuando vamos por el camino y alguien nos pide ayuda o vemos que está en aprietos algo nos impulsa a ayudarlos. Uno de los dos no tendrá tanta confianza porque no se conocen, saber el nombre del otro nos ayuda porque ya abre un camino y nos podemos dirijir al otro de manera totalmente distinta. Creo que así es con Dios necesita que le abramos más nuestro interior para que Él pueda ver eso más profundo que tenemos y somos. En el caso de la señora del evangelio Cristo vio su gran fe y a través de ésta pudo sanar a su hija.

Cada día es una nueva oportunidad para abrirnos más y que nos conozca más como un buen amigo.

«El Señor, en un primer momento, parece no escuchar este grito de dolor, hasta el punto de suscitar la intervención de los discípulos que interceden por ella. El aparente distanciamiento de Jesús no desanima a esta madre, que insiste en su invocación. La fuerza interior de esta mujer, que permite superar todo obstáculo, hay que buscarla en su amor materno y en la confianza de que Jesús puede satisfacer su petición. Y esto me hace pensar en la fuerza de las mujeres. Con su fortaleza son capaces de obtener cosas grandes. ¡Hemos conocido muchas! Podemos decir que es el amor lo que mueve la fe y la fe, por su parte, se convierte en el premio del amor. El amor conmovedor por la propia hija la induce «a gritar: “¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David!”» (v. 22). Y la fe perseverante en Jesús le consiente no desanimarse ni siquiera ante su inicial rechazo; así la mujer «vino a postrarse ante Él y le dijo: “¡Señor, socórreme!”» (v. 25). Al final, ante tanta perseverancia, Jesús permanece admirado, casi estupefacto, por la fe de una mujer pagana. Por tanto, accede diciendo: «“Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas”. Y desde aquel momento quedó curada su hija» (v. 28). Esta humilde mujer es indicada por Jesús como ejemplo de fe inquebrantable. Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros estímulo para no desanimarnos, para no desesperar cuando estamos oprimidos por las duras pruebas de la vida».
(Ángelus de S.S. Francisco, 20 de agosto de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Ayudar a alguien que esté en necesidad sin que me lo pida.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, aquí estoy para estar contigo. Tú me conoces. Sabes que soy fuerte, y también muy débil. Ves mi grandeza y también cuán pequeño soy. Ves el bien que hay en mí y también mi pecado. Y así me amas. ¡Gracias por tu amor! María, quédate con nosotros ahora y siempre.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 15, 1-2. 10-14

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos y escribas y unos fariseos venidos de Jerusalén y le preguntaron: "¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?".

Jesús llamó entonces a la gente y les dijo: "Escuchen y traten de comprender. No es lo que entra por la boca lo que mancha al hombre; lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre". Se le acercan entonces los discípulos y le dijeron: "¿Sabes que los fariseos se han escandalizado de tus palabras?" Jesús les respondió: "Las palabras que no haya plantado mi Padre celestial, serán arrancadas de raíz. Déjenlos; son ciegos que guían a otros ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en un hoyo".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Hay algo que le quieras decir a Jesús? Los escribas y fariseos se le acercan en este pasaje para hacerle un reclamo. Y Jesús, ¿qué hace? Primero, los escucha. También hoy Jesús está a la escucha. A Él le importa lo que tú digas. ¿Qué le quieres decir a Jesús? Puede ser un gracias, un ¿por qué?, un ¿para qué?… Jesús te escucha con atención, te acoge, te acepta. Y luego te responde. Jesús siempre te responde cuando le hablas. ¿Quieres escuchar su respuesta? Está en el Evangelio, en la Eucaristía y en la cruz, en lo que vivimos y en lo que nos sucede… Señor, concédeme hoy escuchar tu voz y seguirte a donde sea que me lleves. Jesús, en ti confío.

«En el Evangelio vemos que Jesús respeta nuestro camino, sigue nuestros tiempos, es el Señor de la paciencia, camina a nuestro lado, escucha nuestras inquietudes, las conoce. A Jesús le gusta oír cómo hablamos. No acelera el paso: es su paciencia. Jesús va al ritmo de la persona más lenta. Jesús escucha, luego responde, explica, hasta el punto necesario. Encontramos a Jesús a lo largo de nuestro camino incluso en nuestros momentos más oscuros: nos acompaña porque quiere encontrarnos. Por eso decimos que el núcleo del cristianismo es el encuentro con Jesús».
(Homilía de S.S. Francisco, 26 de abril de 2020 en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Jesús, gracias por este tiempo de oración. ¿Qué pasó en este tiempo contigo? ¿Qué me consoló? ¿Sentí alguna desolación? Jesús, tú conoces qué deseo y qué rechazo. Lo pongo delante de Ti. Hazme cada día más como Tú. María, ayúdame hoy y siempre a ser más como Jesús.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Voy a tomar un momento, al fin del día, para agradecerle a Dios los beneficios que me dio hoy.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que imite tu ejemplo de oración, estar a solas con mi Padre quien me mira siempre con amor y me revela quién soy verdaderamente. Ayúdame a sentir tu amor en mi vida y que sepa que, bajo tu cuidado, no me puedo perder. ¡Gracias por ser mi Padre!

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 22-36

En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Terminada la travesía, llegaron a Genesaret. Apenas lo reconocieron los habitantes de aquel lugar, pregonaron la noticia por toda la región y le trajeron a todos los enfermos. Le pedían que los dejara tocar siquiera el borde de su manto; y cuantos lo tocaron, quedaron curados.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En un momento de gran dificultad podemos actuar de diferentes maneras, pedir ayuda, tratar de resolver el problema nosotros mismos o no hacer nada. Se vuelve más apremiante la situación cuando nuestra vida está en peligro. ¿A quién recurrir cuando nos sentimos solos y desamparados? Por la fe le pediríamos al Señor que nos ayude; muchas otras veces Dios se sirve de gente para ayudarnos y, humanamente, le pediríamos ayuda a quien sabe.

Una vez un hombre se quedó atrapado en el techo de su casa durante una inundación. Confiando en que Dios mismo lo salvaría tomó la resolución de que se quedaría ahí hasta que Él llegara. Llegaron unos rescatistas en una lancha, pero él les dijo no se iría con ellos porque estaba seguro de que alguien más vendría por él; después llegaron unas personas en un helicóptero porque el agua había subido, pero no quiso ir con ellos tampoco; al final vio una rama que flotaba cerca de donde él estaba que le ayudaría a mantenerse flotando, pero se quedó esperando a Dios. Murió y cuando llegó al cielo no se pudo contener y le recriminó a Dios el hecho de que no había ido a salvarlo, pero Él le dijo que sí había escuchado su oración y que de hecho le mandó unos rescatistas, un helicóptero y una rama de un árbol, pero él no los aceptó.

La tarea de reconocer a Dios en nuestras vidas no es fácil y, sobre todo, en momentos difíciles, hace falta una fe que vea más allá de las apariencias y descubre que hay Alguien siempre presente en nuestras vidas que nos cuida. Cristo sale al encuentro y nos invita a seguirlo en el camino que Él ha tomado. Este camino no se puede recorrer solo, se necesita, antes que nada, confianza en Dios y en uno mismo, porque nos pueden llegar dudas si seremos capaces de ir detrás de Jesús que está ahí para sacarnos de problemas y levantarnos cuando hayamos caído. Con la vista puesta en Cristo, no podemos dudar que seremos capaces de llegar a Él para que descubramos el tesoro escondido que llevamos con nosotros y más aún el tesoro preciado que somos. Estar con Cristo nos ilumina para vernos como nos ve Dios. Dejemos que Cristo entre en nuestras vidas, también a través de las personas que Él quiere.

«Durante este tiempo de pandemia muchos de ustedes me compartieron, por correo electrónico o teléfono, lo que significaba esta imprevista y desconcertante situación. Así, sin poder salir y tomar contacto directo, me permitieron conocer “de primera mano” lo que vivían. Este intercambio alimentó mi oración, en muchas situaciones para agradecer el testimonio valiente y generoso que recibía de ustedes; en otras, era la súplica y la intercesión confiada en el Señor que siempre tiende su mano. Si bien era necesario mantener el distanciamiento social, esto no impidió reforzar el sentido de pertenencia, de comunión y de misión que nos ayudó a que la caridad, principalmente con aquellas personas y comunidades más desamparadas, no fuera puesta en cuarentena. Pude constatar, en esos diálogos sinceros, cómo la necesaria distancia no era sinónimo de repliegue o ensimismamiento que anestesia, adormenta o apaga la misión».
(Carta de S.S. Francisco, 30 de mayo de 2020).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar con todo mi corazón, «Jesús, en ti confío».

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Creo Señor, pero aumenta mi fe; confió en ti Señor, fortalece mi esperanza; te amo Señor, ayúdame a amarte cada vez más. Haz Señor que viva y muera en tu santa presencia; que duerma y me levante siempre en tu santa Voluntad.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. Él les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús se compadece de la profunda sed interior que tiene el Hombre de Él. Con tal de apacentar el rebaño que tanto ama, aquél que el Padre le ha encomendado, olvida sus fatigas, cambia sus planes y nos recibe siempre con los brazos abiertos; dándonos así ejemplo para que, siguiendo sus pasos, podamos convertirnos en apóstoles según su corazón.

El Señor nos invita hoy a compadecernos también del prójimo, a «darles de comer». Él sabe que somos débiles, bien conoce nuestra pequeñez; y es por eso que no espera de nosotros una vida perfecta, sin errores, si no más bien una vida donde le confiemos a Él todo lo que tenemos, nuestros «cinco panes y dos pescados,» a fin de que Él pueda obrar milagros a través de nosotros.

Todo lo que pasa por las manos de Nuestro Señor es trasformado, incluso todos nuestros problemas, luchas, tentaciones y caídas. Todo, por muy estéril, amargo, difícil o espinoso que pueda parecernos, puede florecer y convertirse en un hermoso y admirable fruto de gracia en el jardín de nuestra alma, cuando se lo entregamos a Cristo, quien hace nuevas todas las cosas.

«Este milagro ?muy importante, tanto es así que lo cuentan todos los evangelistas? manifiesta el poder del Mesías y, al mismo tiempo, su compasión: Jesús se compadece de la gente. Ese gesto prodigioso no sólo permanece como uno de los grandes signos de la vida pública de Jesús, sino que anticipa lo que será después, al final, el memorial de su sacrificio, es decir, la Eucaristía, sacramento de su Cuerpo, y de su Sangre entregados para la salvación del mundo. La Eucaristía es la síntesis de toda la existencia de Jesús, que fue un solo acto de amor al Padre y a los hermanos. Allí también, como en el milagro de la multiplicación de los panes, Jesús tomó el pan en sus manos, elevó al Padre la oración de bendición, partió el pan y se lo dio a sus discípulos; y lo mismo hizo con el cáliz del vino».
(Homilía de S.S. Francisco, de 201).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy me propongo hacer una comunión espiritual ante cualquier contratiempo que se me presente a lo largo del día, con el fin de ponerlo en las manos del Señor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, aquí estoy para estar contigo un momento. Creo en ti, pero aumenta mi fe. Confío en ti, pero aumenta mi confianza. Te amo, pero aumenta mi amor. Que sea cada vez más como tú. María, acompáñanos en este momento de oración.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 14, 1-12

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: "Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas".

Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.

Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: "Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Quién quisiera quedar mal con sus invitados? Herodes no quería, y seguro tú tampoco hubieras querido hacerlo. Pero hay ocasiones en las que hay que elegir entre ser fiel a Jesucristo o ser fiel a tu orgullo, tu vanidad, tu imagen… Todos hemos tomado decisiones por Jesús o contra Él. ¿Cómo quieres que sean tus decisiones hoy? ¿Por qué? ¿Qué quiere decir hoy para ti elegir a Jesús? Puedes platicar de esto con Él. Recuerda: le cuentes lo que le cuentes, Jesús te ama, te acepta y te anima a ser más auténtico, a amar más, a ser más como Él.

«Detrás de estos personajes está satanás, sembrador de odio en la mujer, sembrador de vanidad en la muchacha, sembrador de corrupción en el rey. Y el “hombre más grande nacido de mujer” terminó solo, en una celda oscura de la cárcel, por el capricho de una bailarina vanidosa, el odio de una mujer diabólica y la corrupción de un rey indeciso. Es un mártir, que dejó que su vida disminuyese, disminuyese, disminuyese, para dar lugar al Mesías».
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de febrero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Jesús, gracias por este tiempo de oración. Tú sabes qué ha pasado en mí en este rato contigo. ¿Qué me consoló? ¿Hubo algo que me quitara la paz? Lo pongo todo en tus manos. En mí también hay deseos, temores, rechazos… Los quiero poner en tus manos, uno por uno. Jesús, gracias por amarme y aceptarme hoy, tal como soy.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy voy a tomarme un tiempo para agradecerle a Dios que me acepta y me ama tal como soy.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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Por: Francisco J. Posada, LC | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que pueda descubrirte en mi vida y saber reconocer que Tú me hablas en el silencio de mi alma.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: "¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?" Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: "Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa". Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Hablar de Dios es difícil y aún más hacerlo con las personas que están más cerca de nosotros, por eso necesitamos pedirle a Dios que nos dé la valentía necesaria para actuar por amor, ya que debemos reconocer que es, también, un bien para la gente que conocemos mejor. ¿Cómo nos vamos a poner a hablar de Cristo o leer la Biblia a los demás? ¿Qué pensarían de nosotros? En estas circunstancias nos es bueno recordar cuáles son las cosas más importantes en nuestra vida. Dios ocupa el primer lugar, o mejor dicho, el centro de nuestra existencia. Es como el punto medio de una cúpula del cual se esparce la presión a todos los puntos a su alrededor, del amor de Cristo en nuestras vidas se esparce en su justa medida a todas las demás personas que son parte de nuestra vida, las amamos en Dios. Esta experiencia vivida cada vez más profundamente nos lleva a compartir lo que Dios significa para nosotros, cómo ha actuado en nuestra vida y se ha convertido en algo importante y central.

Las cosas más «silenciosas» nos hablan a gritos de Dios y, en esos momentos, debemos abrir los oídos del alma para reconocer su voz y escucharlo. Los aspectos ordinarios nos pueden confundir porque Dios, que es infinito, transcendente, todopoderoso, etc., debería actuar de otra forma, pero Dios actúa diferente, Él hace las cosas simples para que todos sus hijos puedan entenderlo. Abrir los ojos para descubrir la presencia de Dios en nuestra vida ordinaria es un reto que debemos tomar cada día.

Pidamos, de manera especial, la intercesión de san Ignacio de Loyola quien aprendió en su vida a contemplar las cosas como medios para encontrar a Dios y reconocer su gran amor de Padre, que en cada detalle muestra su amor.

«Jesús, con su capacidad de penetrar en las mentes y los corazones, entiende inmediatamente lo que piensan sus paisanos. Creen que, dado que él es uno de ellos, deba demostrar esta extraña “pretensión” haciendo milagros allí, en Nazaret, como había hecho en los pueblos vecinos. Pero Jesús no quiere y no puede aceptar esta lógica, porque no corresponde al plan de Dios: Dios quiere fe, ellos quieren milagros, señales; Dios quiere salvar a todos, y ellos quieren un Mesías en su beneficio».
(Ángelus de S.S. Francisco, 3 de febrero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hablar con alguien de una experiencia que nos haya hablado de Dios o en la que hayamos sentido su mano amorosa.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

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Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, quisiera pedirte que me ayudes a entender cuánto me amas. Ayúdame a ver con claridad tus maravillas y todos los dones que tu amor prepara para mí. Ayúdame a que este corazón pueda ser plenamente cautivado por ti, y no quiera jamás separarse de ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recogen toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?" Ellos le contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas". Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.

Palabra del Señor.

Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el Evangelio de hoy contemplamos una imagen que Jesús toma de la vida diaria de sus discípulos. Él quiere que entiendan lo que sucederá en el juicio final. Quizás la imagen es un poco fuerte, porque Jesús le da toda la fuerza que se merece un mensaje de semejante importancia. Para entrar en el Reino de los cielos es necesario haber libremente aceptado el don de vivir en comunión con los demás y, sobre todo, con Dios.

Una decisión, cuando es plenamente tomada, termina siempre por manifestarse con las obras. Afecta nuestro actuar y la ruta por la que nos dirigimos. De hecho, la inconstancia es un buen síntoma de indecisión. Y aunque el hombre pueda a veces caer en el pecado, el que realmente ama a Dios, el que realmente lo elige, sabe levantarse y retomar el camino. Sabe reconocer aquello en lo que se ha desviado y dirigirse de nuevo hacia Él, confiando en su bondad y misericordia. Por eso, vemos en la historia cómo los grandes santos han llegado a vivir una vida tan entregada y fiel a Dios, que cualquier decisión diversa a la comunión con Él y con los demás no era una opción.

El cielo será una gran fiesta, la cual, Jesús incluso compara con un gran banquete de bodas (Mt 22), y a la cual todo hombre está amorosamente invitado. Pero es necesario corresponder a ese llamado que el Padre, con todo su cariño, nos ha hecho para vivir con Él en el amor; de lo contrario, rechazado Dios, qué le quedará al hombre sino la soledad y la desesperación.

«Al final de nuestra vida seremos juzgados sobre el amor, es decir, sobre nuestro empeño concreto de amar y servir a Jesús en nuestros hermanos más pequeños y necesitados. Aquel mendigo, aquel necesitado que tiende la mano es Jesús; aquel enfermo al que debo visitar es Jesús; aquel preso es Jesús; aquel hambriento es Jesús. Pensemos en esto. Jesús vendrá al final de los tiempos para juzgar a todas las naciones, pero viene a nosotros cada día, de tantos modos y nos pide acogerlo. Que la Virgen María nos ayude a encontrarlo y recibirlo en su Palabra y en la Eucaristía, y al mismo tiempo en los hermanos y en las hermanas que sufren el hambre, la enfermedad, la opresión, la injusticia. Puedan nuestros corazones acogerlo en el hoy de nuestra vida, para que seamos por Él acogidos en la eternidad de su Reino de luz y de paz».
(Ángelus de S.S. Francisco, 26 de noviembre de 2017).

Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Dedicar un breve tiempo para platicar con Dios sobre el cielo y pedirle, vivamente, que nunca me suelte y me ayudé a llegar a estar siempre unido con Él, allí.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, te pido que te hagas presente en mi vida, y de forma especial en este momento de oración. Ayúdame a escuchar tu palabra, a interiorizar tu mensaje y a predicar tus enseñanzas con el ejemplo de mi vida cristiana, para ser así, un fiel colaborador en la extensión de tu reino. Amén.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Juan 11, 19-27

En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para consolarlas por la muerte de su hermano Lázaro. Apenas oyó Marta que Jesús llegaba, salió a su encuentro; pero María se quedó en casa. Le dijo Marta a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora estoy segura de que Dios te concederá cuanto le pidas”.

Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”. Marta respondió: “Ya sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?”. Ella le contestó: “Sí, Señor. Creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”.

Palabra de Dios.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesucristo es la resurrección y la vida, esto quiere decir dos cosas: la primera, es que el alma humilde y caritativa debería tener la confianza de pensar, que, en su último día, no se verá abandonada, sino acogida con amor, por aquel que, con su entrega en la cruz, ha vencido a la muerte.

La segunda hace referencia a la vida en esta tierra. No son lo mismo vivir y sobrevivir. Esta última quiere decir caminar en la vida sin sentido alguno, caer en desesperación y dejarse agobiar por las responsabilidades y situaciones inesperadas de la vida. Esta era la actitud de Marta ante la muerte de su hermano, ella buscaba sobrevivir en medio del dolor. Es hasta que llega Jesucristo a su vida, cuando comienza a ver las cosas de un modo diferente, comienza a bajar sus pensamientos al corazón, y así se vuelve capaz, no solo de reconocer la divinidad de Jesús, sino también de aceptarlo en su vida y confiar en Él.

El alma que pone su confianza total en Dios, nunca, nunca, nunca se verá defraudada.

«En este pasaje del Evangelio vemos que la fe del hombre y la omnipotencia de Dios, el amor de Dios, se buscan y, finalmente, se encuentran. Es como un doble camino: la fe del hombre y la omnipotencia del amor de Dios se buscan y finalmente se encuentran. Lo vemos en el grito de Marta y María y todos nosotros con ellas: “¡Si hubieras estado aquí!”. Y la respuesta de Dios no es un discurso, no, la respuesta de Dios al problema de la muerte es Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida... ¡Tened fe! En medio del llanto seguid teniendo fe, aunque la muerte parezca haber vencido. ¡Quitad la piedra de vuestro corazón! Que la Palabra de Dios devuelva la vida allí donde hay muerte”. También hoy nos repite Jesús: “Quitad la piedra”: Dios no nos ha creado para la tumba, nos ha creado para la vida, bella, buena, alegre».
(Homilía de S.S. Francisco, 29 de marzo de 2020).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo, y quiero demostrártelo no solo con mis labios, sino también con mi vida. Quiero aprender a poner mi confianza totalmente en ti. Señor, dame tu gracia, bendice a mi familia y ayúdame a poder decir tanto con mi mente como con mi corazón, al igual que hizo santa Marta: «Señor, creo firmemente que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Pensar por un momento en la mayor preocupación del día, y hacer el ejercicio de confiar en el Señor y ponerla en sus manos, para que se haga su voluntad en dicha situación, actitud o sentimiento.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame hoy la gracia de poder vivir siempre cada vez más unido a ti.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 36-43

En aquel tiempo, Jesús despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron sus discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".

Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del maligno; el enemigo que las siembra es el demonio; el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Jesús, por medio del Evangelio de hoy, nos explica lo que significa la parábola de la cizaña. Podríamos sentarnos un momento en silencio y sintonizar bien nuestra señal espiritual para ver qué es lo que Dios nos quiere decir hoy.

Todos los bautizados, como cristianos, hemos recibido la buena semilla que siembra Jesús, pero depende, en cierto sentido, de cada uno el cómo queremos que crezca esta semilla y esto dependerá de cómo la alimentamos. Si la alimentamos de cosas sin importancia, de superficialidades, de lo que aparentemente es la felicidad, pero que no es, entonces esta semilla crecerá, pero no será fuerte, y es ahí donde llegará la cizaña, que son las semillas del maligno, y nos puede ganar, nos puede envolver y, lamentablemente, hasta matar; pero es inevitable que crezcamos con la cizaña. Tenemos que ser astutos pues la semilla de la cizaña no pierde el tiempo y busca cualquier abono para alimentarse bien y, de esta manera, ser fuerte. ¡Cuánto más a nosotros que somos semilla regada por Cristo! Pero debemos siempre buscar el abono que Dios nos regala, alimentarnos bien con los medios que Cristo nos regala y estar listos para cuando venga la cizaña y empiece a atacarnos.

«El cristiano sabe que el Reino de Dios, su Señoría de amor está creciendo como un gran campo de grano, aunque en medio está la cizaña. Siempre hay problemas, están los chismorreos, están las guerras, están las enfermedades... están los problemas. Pero el grano crece, y al final el mal será eliminado. El futuro no nos pertenece, pero sabemos que Jesucristo es la gracia más grande de la vida: es el abrazo de Dios que nos espera al final, pero que ya desde ahora nos acompaña y nos consuela en el camino. Él nos conduce a la gran “tienda” de Dios con los hombres, con muchos otros hermanos y hermanas, y llevaremos a Dios el recuerdo de los días vividos aquí abajo. Y será bonito descubrir en ese instante que nada se ha perdido, ninguna sonrisa y ninguna lágrima. Por mucho que nuestra vida haya sido larga, nos parecerá haber vivido en un suspiro. Y que la creación no se ha detenido en el sexto día del Génesis, sino que ha proseguido infatigable, porque Dios siempre se ha preocupado por nosotros. Hasta el día en el que todo se cumplirá, en la mañana en la que se se extinguirán las lágrimas, en el mismo instante en el que Dios pronunciará su última palabra de bendición: “¡Mira que hago un mundo nuevo!”. Sí, nuestro Padre es el Dios de las novedades y de las sorpresas. Y aquel día nosotros seremos verdaderamente felices, y lloraremos. Sí: pero lloraremos de alegría».
(Audiencia de S.S. Francisco, 23 de agosto de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy hacer el propósito de alimentarme de lo que Cristo me ofrece, la eucaristía, la confesión, la lectura de la Palabra, etc.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

Cristo, Rey nuestro.
¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, te pido que abras mi corazón para apreciar tu mensaje. Ayúdame a experimentar la plenitud de vida que deseas darme. Dame la gracia de amar incondicionalmente, y a mantenerme arraigado en la fe, para que pueda conocerte más y experimentar el gran amor que me tienes.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 13, 31-35

En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la muchedumbre: “El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en su huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas”.

Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar”.

Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En este Evangelio, las palabras de Jesús destilan optimismo: el reino es una pequeña semilla, la más pequeña, que crece como un gran árbol. ¿Compartimos ese optimismo, basado en la fe, o somos un poco incrédulos, buscando señales que prescinden de la necesidad de fe y confianza? Miro a mi alrededor y dentro de mí los signos de la presencia del reino, a menudo muy pequeños pero fuertes y en crecimiento.

Jesús quiere darnos la visión y tratar de hacernos entender cómo es el Reino de los cielos y la relación que esto tiene con sus hijos los que formamos la Iglesia. La cantidad de levadura es pequeña, pero su efecto es mucho mayor que su tamaño. Para que esto suceda, la levadura debe ser una con el resto de la masa, pues incluso la más pequeña de las separaciones la haría ineficaz. Exteriormente pierde su identidad, de hecho, es la única manera en que puede cumplir su misión. Cuán cierto es esto de la Iglesia y de su misión. La Iglesia es una pequeña porción en el gran universo. Y los que formamos el cuerpo místico de Cristo debemos ser, como nos lo dice otro pasaje de la escritura, «sal de la tierra y luz para el mundo».

«La fe comparable al grano de mostaza es una fe que no es orgullosa ni segura de sí misma, ¡no pretende ser un gran creyente haciendo el ridículo en algunas ocasiones! Es una fe que en su humildad siente una gran necesidad de Dios y, en la pequeñez, se abandona con plena confianza a Él. Es la fe la que nos da la capacidad de mirar con esperanza los altibajos de la vida, la que nos ayuda a aceptar incluso las derrotas y los sufrimientos, sabiendo que el mal no tiene nunca, no tendrá nunca la última palabra. ¿Cómo podemos entender si realmente tenemos fe, es decir, si nuestra fe, aunque minúscula, es genuina, pura y directa? Jesús nos lo explica indicando cuál es la medida de la fe: el servicio».
(Ángelus de S.S. Francisco, 6 de octubre de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Buscaré ayudar a alguna persona que esté en necesidad, ya sea a través de palabras o con un acto de caridad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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