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Por: H. Pedro Cadena Díaz, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, gracias por este momento de calma e intimidad contigo. Ábreme los ojos, para que pueda verte y servirte siempre que vienes a mi encuentro en mis hermanos. María, que amaste a cada persona porque estabas llena del amor de Dios, acompáñame en este momento de oración.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 16, 19-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.

Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.

Entonces grito: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas’. Pero Abraham le contestó: ‘Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá’. El rico insistió: ‘Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos’. Abraham le dijo: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen’. Pero el rico replicó: ‘No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán’. Abraham repuso: ‘Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto’”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

¿Cuántos «Lázaros» nos encontramos cada día? Ellos son gente que conocemos, que vemos camino al trabajo, en la escuela o universidad. Tal vez son miembros de nuestra familia. Todo hombre o mujer que sufre hambre material o de amor, es Lázaro. Todo aquel que tiene heridas, en su cuerpo o en su alma, está echado a la puerta de nuestro corazón. ¿Queremos ser como el rico del Evangelio que ignora a su hermano que sufre? ¿O como el buen samaritano, que «al pasar junto a él, lo vio y se conmovió?» (Lc 10,33)

Cada día Jesús nos regala oportunidades nuevas de amarlo. Él mismo dijo que «En verdad les digo que, cuando lo hicieron [las obras de misericordia] con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí» (Mt 25, 40). Cada persona necesitada es Cristo que nos ofrece una ocasión de hacerle un bien, y de hacernos un bien. De hacerlo feliz, y de hacernos felices, pues «La felicidad está más en dar que en recibir» (Hch. 20, 35). Amando, le damos gloria, y somos hombres y mujeres plenos. Del amor salen sólo bienes. «De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia» (Jn 1,16).

¿Qué vamos a elegir hoy? Jesús, tú sabes que mi corazón está hecho para amar, pero también está herido por el pecado. Dame fe, para ver tu rostro en mis hermanos. Lléname de tu amor ahora, para que yo pueda dártelo de vuelta. Hazme un poco más como tú. Que perdone a mis hermanos, que te sirva, que te dé con generosidad mi tiempo y mis bienes.

«Es el grito de tantos Lázaros que lloran, mientras que unos pocos epulones banquetean con lo que en justicia corresponde a todos. La injusticia es la raíz perversa de la pobreza. El grito de los pobres es cada día más fuerte pero también menos escuchado. Cada día ese grito es más fuerte, pero cada día se escucha menos, sofocado por el estruendo de unos pocos ricos, que son cada vez menos pero más ricos. Ante la dignidad humana pisoteada, a menudo permanecemos con los brazos cruzados o con los brazos caídos, impotentes ante la fuerza oscura del mal. Pero el cristiano no puede estar con los brazos cruzados, indiferente, ni con los brazos caídos, fatalista: ¡no! El creyente extiende su mano, como lo hace Jesús con él. El grito de los pobres es escuchado por Dios.»
(Homilía de S.S. Francisco, 18 de noviembre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

-Hoy voy a visitar a Jesús en la Eucaristía y estaré con Él en silencio unos minutos, para dejar que me llene de su amor para así crecer en la misericordia hacia los demás.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. David Mauricio Sánchez Mejía, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, vengo a presentarte mi corazón, todas las necesidades y preocupaciones que hay en él. Ayúdame a ver con claridad qué puedo hacer y qué cosas debo abandonar en tus manos. Confío que, en tu protección y cuidado, todo lo que suceda será para tu gloria y mi salvación.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 20, 17-28

En aquel tiempo, mientras iba de camino subiendo a Jerusalén, Jesús llamó aparte a los Doce y les dijo: “Ya vamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; pero al tercer día, resucitará”.

Entonces se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo, junto con ellos, y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: “¿Qué deseas?”. Ella respondió: “Concédeme que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, en tu Reino”. Pero Jesús replicó: “No saben ustedes lo que piden. ¿Podrán beber el cáliz que yo he de beber?”. Ellos contestaron: “Sí podemos”. Y él les dijo: “Beberán mi cáliz; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; es para quien mi Padre lo tiene reservado”.

Al oír aquello, los otros diez discípulos se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ya saben que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. Que no sea así entre ustedes. El que quiera ser grande entre ustedes, que sea el que los sirva, y el que quiera ser primero, que sea su esclavo; así como el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida por la redención de todos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Han pasado dos semanas desde que comenzamos la Cuaresma, ese periodo especial en que nos preparamos para contemplar la paradoja divina más grande: el amor infinito de Dios, que muere para darnos la vida.

En el Evangelio de hoy se nos presenta otra paradoja: para ser grandes nos tenemos que hacer pequeños. Jesús nos enseña que no es grande la persona que aparenta grandeza, sino la que. en su pequeñez. se da cuenta de que puede hacer el bien a los demás, la persona que es humilde.

La humildad sin embargo no está muy de moda hoy en día, porque a veces no entendemos lo que es esta virtud. La humildad no es el obrar pusilánime de la persona que, pudiendo actuar, se esconde por temor a lo que los demás piensen de él; ni el obrar de la persona que se deja pisotear para que todos vean lo humilde que es. Humildad es reconocer quién soy y obrar de acuerdo con ello. Por eso decía santa Teresa: «La humildad es la verdad».

Cristo no quiere excluir a nadie de sentarse a su derecha o a su izquierda y por eso nos dice cómo podemos luchar por este puesto: siendo humildes, sirviendo al hermano. Examinemos nuestro corazón, veamos qué tan fuerte es nuestro deseo de ir al cielo y veamos cuáles son las acciones que brotan de este deseo.

«El mensaje del Maestro es claro: mientras los grandes de la Tierra construyen “tronos” para el poder propio, Dios elige un trono incómodo, la cruz, desde donde reinar dando la vida: “Tampoco el Hijo del Hombre —dice Jesús— ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”. El camino del servicio es el antídoto más eficaz contra la enfermedad de la búsqueda de los primeros puestos; es la medicina para los arribistas, esta búsqueda de los primeros puestos, que infecta muchos contextos humanos y no perdona tampoco a los cristianos, al pueblo de Dios, ni tampoco a la jerarquía eclesiástica. Por lo tanto, como discípulos de Cristo, acojamos este Evangelio como un llamado a la conversión, a dar testimonio con valentía y generosidad de una Iglesia que se inclina a los pies de los últimos, para servirles con amor y sencillez. Que la Virgen María, que se adhirió plenamente y humildemente a la voluntad de Dios, nos ayude a seguir a Jesús con alegría en el camino del servicio, el camino maestro que lleva al Cielo.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 21 de octubre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Ayudaré a una persona, con la cual no me lleve bien.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Alexis Montiel, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, muchas cosas me inquietan, Tú, las conoces todas, las encomiendo a tu amor de Padre.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Tantas veces uno se encuentra con personas para quienes su padre no ha sido la mejor persona, que les pegaba siendo niños, que les hizo daño, que se fue o que simplemente no estaba ahí en los momentos necesarios.

Claro está que nadie es perfecto, pero nos sentimos necesitados de algo o de algún momento de escucha, de comprensión, de apoyo. La sociedad actual va perdiendo cada vez más la figura del padre, y si ayer nos preocupaba que el hombre era demasiado autoritario o duro, hoy día nos vemos con un gran problema de la identidad masculina. ¿Y todo esto que tiene que ver con san José?

No es tan claro, pero si vemos como actuó san José, nos podemos dar cuenta que es el mejor modelo de padre que alguien pueda tener; y lo digo en serio. Tenemos el problema que queremos a un padre perfecto, pero si vemos la figura de María y el niño Jesús, nos podemos sorprender de la gran diferencia entre san José y las otras dos personas de la Sagrada Familia. E imaginémonos lo que significa rendir cuentas a Dios de sus dos mayores joyas. Por otro lado, nos enseña lo que significa ser hombre realmente, un hombre de bien (justo, como dice la Escritura), respetuoso y amable, decidido y cauteloso, valiente y discreto... Debemos ver realmente a san José como ese ejemplo de hombre de Dios, como un modelo para la sociedad actual. Pidamos al Señor la gracia de parecernos un poco a san José y ser «justos» ante los demás y ante Dios.

«El amor que sabe ver a Jesús presente en los más pequeños y débiles, y el deber sagrado de llevar a los niños a Jesús. En esta tarea, con sus gozos y sus penas, los encomiendo también a la protección de san José. Aprendan de él, que su ejemplo los inspire y los ayude en el cuidado amoroso de estos pequeños, que son el futuro de la sociedad colombiana, del mundo y de la Iglesia, para que, como el mismo Jesús, ellos puedan crecer, robustecerse en sabiduría, en gracia, delante de Dios y de los demás.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Estar atento a lo que el Espíritu Santo me quiera decir y pedirle que, como san José, sea capaz de vivir como un hombre de bien.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Francisco Javier Posada Huaracha, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame la gracia de escuchar tu voz y poder seguirla con amor.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den y se les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán medidos”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

La misericordia de Dios se manifiesta en comprender a nuestro prójimo. Muchos de los problemas en las sociedades actuales suceden porque las personas no se toman el tiempo para escuchar al otro, ejercitando esa compasión a la que Cristo nos invita en el Evangelio de hoy. Cuando escuchamos y prestamos atención a las personas que tenemos alrededor todo cambia, porque este ejercicio nos ayuda a tener corazones más misericordiosos, abiertos a los demás.

Las personas que conviven con alguien que se interesa por ellos se transforman también en fuentes de esta misericordia que, cuando mira a la gente, no se queda en los defectos y pecados, sino que ve a los hijos e hijas amadísimos de Dios. Cristo nos hace la invitación a ver a todos como Él los ve, con amor incondicional.

A veces pueden surgir disputas porque todos somos imperfectos y no siempre podemos ver lo bueno en los demás antes de lo malo; en estos momentos sabemos que, aunque la otra persona nos haya hecho algo terrible, Dios en su infinito amor, la sigue amando y nos pide que no nos quedemos estancados en rencores, que la perdonemos para que podamos continuar con nuestra vida y podamos seguir amando.

«Cada vez que postergamos algo que nos gusta por el bien de los otros y especialmente por los más frágiles, o por el bien de nuestras raíces como son nuestros abuelos y nuestros ancianos, el Señor lo devuelve ciento por uno. Te gana en generosidad, porque nadie le puede ganar a Él en generosidad, nadie lo puede superar en amor. Amigos: den y se les dará, y experimentarán cómo el Señor “les volcará sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante”, como dice el Evangelio. Queridos amigos, han tenido una experiencia de fe más viva, más real; han vivido la fuerza que nace de la oración y la novedad de una alegría diferente fruto del trabajo codo a codo incluso con personas que no conocían. Ahora llega el momento del envío: vayan cuenten, vayan testimonien, vayan contagien lo que han visto y oído. Y esto no lo hagan con muchas palabras sino, como lo hicieron aquí, con gestos simples y con gestos cotidianos, esos que transforman y hacen nuevas todas las cosas, esos gestos capaces de armar lío, un lío constructivo, un lío de amor.»
(Discurso a voluntarios de JMJ, de S.S. Francisco, 27 de enero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Rezar por una persona que me haya hecho algún mal.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Edison Valencia, L.C | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame las fuerzas necesarias para poder afrontar los retos que se presentan cada día, de manera especial los de hoy.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 28-36

En aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan, y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con él dos personajes, rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros estaban rendidos de sueño; pero, despertándose, vieron la gloria de Jesús y de los que estaban con él. Cuando éstos se retiraban, Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, sería bueno que nos quedáramos aquí y que hiciéramos tres chozas: una para ti, una para Moisés y otra para Elías”, sin saber lo que decía.

No había terminado de hablar, cuando se formó una nube que los cubrió; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube salió una voz que decía: “Este es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”. Cuando cesó la voz, se quedó Jesús solo. Los discípulos guardaron silencio y por entonces no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Quiero que hagamos una pequeña composición de lugar. Creo que cada uno de nosotros ha tenido la experiencia de subir a una montaña y, desde ella, ver todo un horizonte que no se alcanza a visualizar desde el valle. Pensemos por un momento en aquel monte que más nos gusta, y si nunca hemos ido a uno, pensemos en uno al cual nos gustaría ir, pero esta vez será diverso, puesto que no subiremos solos a aquel monte, iremos nada más y nada menos que con Cristo.

Pensemos un poco en las diversas dificultades que nos presentarán al subir aquella montaña, las espinas, los árboles que nos pueden tapar la vista, la fatiga de tener que subir esa montaña, y más aún cuando no estamos acostumbrados a este tipo de ejercicios. Pues bien, sigamos subiendo esta montaña con Cristo, aunque sea fatigoso; sigamos dando lo mejor de nosotros mismos en esta segunda semana de Cuaresma, y dejando atrás todo aquello que nos impide subir con más agilidad. Pensemos en la maleta que llevamos con nosotros cargadas de tantas cosas innecesarias; dentro de ella, hay tantas cosas que podemos ir descartando: egoísmo, vanidad, pereza, tibieza, mediocridad, etc.

Tantas cosas que Cristo nos va pidiendo a lo largo de esta subida a esa montaña, pero cuando lleguemos a la cima exclamaremos con Pedro: «Maestro, sería bueno que nos quedáramos aquí». Solo quien ha hecho la experiencia de Cristo, sabe realmente cuánto le ama. Solo así estaremos dispuestos a amarlo y a subir a aquella montaña, e incluso tirar fuera de la maleta de nuestra vida aquellas cosas que no nos sirven. Pero debemos hacer la experiencia de querer acompañar a Cristo a aquella montaña. Y el Señor nos dice a cada uno: ¿Estás realmente dispuesto(a) a subir conmigo?

«¿Qué es la transfiguración de Jesús? Es una aparición pascual anticipada. […] Los discípulos están llamados a seguir al Maestro con confianza, con esperanza, a pesar de su muerte; la divinidad de Jesús debe manifestarse precisamente en la cruz, precisamente en su morir «de aquel modo», tanto que el evangelista Marcos pone en la boca del centurión la profesión de fe: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios”. Nos dirigimos ahora en oración a la Virgen María, la criatura humana transfigurada interiormente por la gracia de Cristo. Nos encomendamos confiados a su maternal ayuda para proseguir con fe y generosidad el camino de la Cuaresma.»
(Homilía de S.S. Francisco, 25 de febrero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy, en un momento de oración, revisaré que puedo tirar fuera de la maleta de mi vida, para caminar con Cristo hacia la montaña.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Leonardo Garzón, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Padre mío, enséñame a amar como Tú amas. Dame la gracia de tener un corazón como el tuyo; un corazón que sepa perdonar las ofensas de los otros, un corazón que aprenda a amar sin esperar nada a cambio, un corazón que se entregue sin límites a todos aquellos que necesitan hacer la experiencia de tu amor. Dios mío, hazme un instrumento de tu amor.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

1. Amar sin límites nos hace hijos de Dios.
El Evangelio es bastante claro: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en los cielos. Sólo amando de verdad podremos participar de manera activa en esta filiación. Sí, es una tarea que a primera vista parece bastante simple: Amar sin límites. Sin embargo, en la práctica, este amor se ve obstaculizado por nuestro egoísmo y nuestra soberbia. Es verdad que nos cuesta amar a aquellos que de algún modo nos han hecho daño, aquellos que nos han ofendido. No es fácil abrazar y sonreír a aquel que nos ha herido, tampoco es fácil volver a confiar en quien nos ha fallado.

Aun así, Dios nos enseña que sólo amando a éstos que nos han hecho algún mal podremos ser verdaderos hijos suyos. Dios mismo nos ha amado de este modo, Jesucristo murió en la cruz para redimirnos de nuestros pecados, pecados que habíamos cometido contra Él. Jesús mismo rogó al Padre que perdonara las ofensas de quienes le humillaban y atacaban, porque «ellos no sabían lo que hacían». Fue ese Amor divino el que nos redimió, un amor que no se fija en la ofensa cometida, sino en la persona arrepentida.

2. Los primeros pasos hacia la perfección.
«Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto»”. ¿Cuál es esta perfección de la que nos habla el Evangelio? El Señor nos da dos pautas a seguir y una actitud fundamental. Las dos pautas son: amar a nuestros enemigos y rezar por quienes nos persiguen. Para lograr esto es necesario tener una actitud de fondo, la de amar sin límites, sin hacer distinciones; ésta es la actitud de nuestro Padre, Él hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Nosotros estamos llamados a imitar esta actitud, y así poder amar del modo que Dios ama, con un amor perfecto.

«Ofrecer un don grato a Jesús es cuidar a un enfermo, dedicarle tiempo a una persona difícil, ayudar a alguien que no nos resulta interesante, ofrecer el perdón a quien nos ha ofendido. Son dones gratuitos, no pueden faltar en la vida cristiana. De lo contrario, nos recuerda Jesús, si amamos a los que nos aman, hacemos como los paganos. Miremos nuestras manos, a menudo vacías de amor, y tratemos de pensar hoy en un don gratuito, sin nada a cambio, que podamos ofrecer. Será agradable al Señor. Y pidámosle a él: «Señor, haz que descubra de nuevo la alegría de dar».
(Homilía de S.S. Francisco, 6 de enero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy rezaré un Ave María por aquellas personas que me cuesta amar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Kevin Alexis Franco López, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, encomiendo mi vida a tu misericordia. Tú sabes cuántas dificultades tengo a lo largo de mi vida. Te pido, Madre mia, que me ayudes a tener una fe como la tuya.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 5, 20-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.

Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

El Evangelio que terminamos de leer deja un mensaje que es bastante claro. «Si al llevar tu ofrenda recuerdas que tu hermano tiene algo en contra de ti, deja tu ofrenda y ve a reconciliarte con tu hermano.» Cuán difícil es esto, y más cuando tenemos la razón y fue el otro quien cometió el error, pero Cristo hoy viene a decirnos que perdonemos y amemos como Él nos ha enseñado: No quiero sacrificios sino misericordia. «¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices». (Mensaje del papa Francisco).

Hay que dar el primer paso, pero si la persona con la que se tiene una dificultad no escucha, eso ya es asunto de él. Lo importante es ser «misericordiosos como el Padre». Jesucristo, misericordioso de corazón, te pedimos que nos ayudes a saber perdonar como Tú perdonas y a amar como Tú amas. No permitas que el odio y el rencor nos definan, ayúdanos a saber olvidar y sanar esas heridas que solo Tú conoces.

«Es necesario rebajar tantas asperezas causadas por el orgullo y la soberbia. Cuánta gente, quizás sin darse cuenta, es soberbia, áspera, no tiene esa relación de cordialidad. Hay que superar esto haciendo gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, de solicitud de perdón por nuestras culpas. No es fácil reconciliarse, siempre se piensa: ¿quién da el primer paso? Pero el Señor nos ayuda a hacerlo si tenemos buena voluntad. La conversión, de hecho, es completa si lleva a reconocer humildemente nuestros errores, nuestras infidelidades, nuestras faltas.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de diciembre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Revisar si guardo rencor o deseos de venganza contra alguien y pedirle a Jesús que me ayude a perdonar de corazón.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Hans Candell, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor Jesús, te entrego este momento de mi vida; dispón de él para hablarme y mostrarme cuál es tu voluntad para mí.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que toca se le abre.

¿Hay acaso entre ustedes alguno que le dé una piedra a su hijo, si éste le pide pan? Y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Si ustedes, a pesar de ser malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón el Padre, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

No es humillante para nosotros calificarnos ante Dios como pobres mendigos. De hecho, no podemos dejar de comparar su omnipotencia con nuestra extrema pobreza. Guiados por la fe, lo reconocemos como nuestro Creador y Señor, como fuente inagotable de todo bien y como norma segura de todo nuestro comportamiento.

Nuestra experiencia como creyentes nos convence de que Él es un Padre y que nos ama con un amor ilimitado, hecho visible por la persona de Cristo. Su presencia entre nosotros, su pasión, su muerte y su resurrección, han hecho clara la misericordia divina para nosotros. Es a partir de estos principios que extraemos los motivos de nuestra confianza y oración por el buen Dios. Estamos seguros de que nos escucha y cuida de cada uno de nosotros con el amor del Padre. Jesús viene a confirmarnos en esta fe nuestra: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y todo el que busca encuentra, y todo el que llama se le abrirá».

Quiere inculcarnos la perseverancia ante todo en la oración, y no sólo hacer que se convierta en un grito aislado en los momentos de emergencia y de extrema necesidad. Debemos orar siempre, sin cansarnos nunca, conscientes de que toda nuestra vida puede y debe convertirse en oración, tanto cuando nos sentamos cómodamente en los bancos de la iglesia, como cuando estamos decididos a llevar a cabo nuestras diferentes tareas. La oración de nuestros labios y corazón es seguida por la de nuestros brazos, todavía extendidos hacia Él. Podemos y debemos pedir «cualquier cosa» al Señor, pero no debemos olvidar nunca que Él, sabiamente, quiere darnos sólo «cosas buenas», como lo haría un buen padre terrenal a sus hijos.

En la oración, por tanto, debe acompañarnos constantemente con una confianza humilde y una sospecha legítima de que quizás no siempre somos capaces de pedir cosas buenas según la visión de Dios y, en consecuencia, puede suceder, y sucede, que la respuesta de Dios a nuestras oraciones no coincide con nuestras peticiones. Después de todo, la primera razón de nuestra oración es siempre la que Jesús mismo nos sugirió en el Padre Nuestro, es decir, que la santísima voluntad de Dios se cumpla en nosotros. Jesús mismo, en el drama de su agonía en Getsemaní, invoca al Padre de esta manera: «Padre mío, si es posible, aleja de mí este cáliz, pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú.» Que «como desees», referido a Dios, resuene con confianza al final de cada petición que hagamos, ¡incluso la más urgente!

«Todos vosotros, padres y abuelos, que estáis aquí, cuando el hijo o el nieto piden algo, tiene hambre, pide y pide, luego llora, grita, tiene hambre: “¿Qué padre hay entre vosotros que, si su hijo le pide un pez, en lugar de un pez le da una culebra?”. Y todos vosotros tenéis la experiencia cuando el niño pide, vosotros le dais de comer y todo lo que pide por el bien de él. Con estas palabras, Jesús nos hace entender que Dios siempre responde, que ninguna oración quedará sin ser escuchada, ¿por qué? Porque es un Padre, y no olvida a sus hijos que sufren. Por supuesto, estas declaraciones nos ponen en crisis, porque muchas de nuestras oraciones parecen no obtener ningún resultado.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Voy a reconocer que soy alguien necesitado de la providencia de Dios abandonándome en la infinita bondad de su divina voluntad.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. José Alberto Rincón Cárdenas, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, abre mis ojos para saber interpretar el signo con el que vienes a mí cada día.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 11, 29-32

En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: “La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo.

Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.

Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La incredulidad; quizás sea ésta una de las faltas más graves de todo tiempo. Su raíz no es otra que la indiferencia. Y nuestra sociedad es muy indiferente. Como no sé realmente si lo que percibo es la verdad, prefiero pasar de largo, optar por no tomar partido. ¿Es ésta también mi actitud delante del crucifijo?

Dios continúa hablando a los hombres. Es más, no ha dejado de hacerlo desde que Adán caminó por el jardín del Edén. No obstante, los hombres no lo escuchamos. Podría decirse que nuestros ojos están vendados, o bien que no sabemos leer los signos divinos. Clamamos al cielo pidiendo que se nos envíe una señal. ¡Ciegos! ¡Sordos! ¡Duros de corazón!

Dios ha hablado ya su última palabra, la única que merece nuestra total confianza. ¿Y cuál es, sino la cruz? Ése es el signo del Hijo del hombre. Así como Jonás pasó tres días en el vientre del animal, el Hijo de Dios había de pasar tres días en las entrañas de la tierra. Ése es el significado. Por eso san Pablo se gloriaba solamente en la cruz de Cristo, pues en ella encontraba la verdadera causa de su felicidad y la certeza de la redención.

La generación de tiempos de Jesús no entendió la cruz; no entendió ni el signo ni el significado. La pregunta que debemos hacernos es si nuestra generación, después de 2000 años de testimonio en favor de la cruz, ha comprendido ya el signo que su Señor le dejó, y el significado de amor que conlleva.

«Esta Jornada Mundial de la Juventud es una oportunidad única para salir al encuentro y acercarse aún más a la realidad de nuestros jóvenes. Realidad llena de esperanzas y deseos, pero también hondamente marcada por tantas heridas. Con ellos podremos leer de modo renovado nuestra época y reconocer los signos de los tiempos porque, como afirmaron los padres sinodales, los jóvenes son uno de los “lugares teológicos” en los que el Señor nos da a conocer algunas de sus expectativas y desafíos para construir el mañana. Con ellos podemos visualizar cómo hacer más visible y creíble el Evangelio en el mundo que nos toca vivir; ellos son como termómetro para saber dónde estamos como comunidad y sociedad.»
(Discurso de S.S. Francisco, 24 de enero de 2019).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Me tomaré un momento en el día para arrodillarme delante del crucifijo y reflexionar qué tanta importancia le doy en mi vida al signo con el que Dios se me quiso revelar.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, ayúdame a confiar en Ti, a tener la certeza que Tú ya sabes lo que necesito. Y permite que pueda estar más atento a lo que me quieres decir.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Éste es el famoso pasaje evangélico en dónde nuestro Señor nos enseña a orar con el Padre de la mejor manera posible: del mismo modo que Él, Hijo eterno suyo. Muchísimas páginas se han escrito ya sobre esta excelsa oración, nos detenemos a meditar cada una de las palabras, de las frases, su estructura completa y su orden, pero muchas veces olvidamos el primer paso, quizá el más importante, que es la disposición con la que recitamos y meditamos esta oración...

Al inicio y al final del pasaje, Jesucristo nos habla sobre la humildad con la que debemos dirigirnos al Padre: no decir muchas palabras significa dejar que Dios entre en nuestro corazón, así como está, sin intentar justificar nuestras faltas o dar explicaciones inútiles… Él ya sabe cómo nos encontramos. Tan solo es necesario abrirle las puertas para que pueda entrar a sanarlo, renovarlo y ordenarlo. Una vez que hayamos experimentado este infinito acto de amor sobre nuestras vidas, llega el momento de comunicarlo: ¡Claro! ¡El perdón! Sería un poco ingrato de nuestra parte permitir que nuestro Padre haga grandes maravillas en nosotros, pero no reconocer que puede también actuar en los no conversos, ¿no crees?

Pidamos de manera especial a Jesús que nos enseñe a orar como Él, pero, sobre todo, que nos ayude a tener su misma disposición, su misma confianza y humildad: «Padre nuestro»”.

«El Padrenuestro hunde sus raíces en la realidad concreta del hombre. Nos hace pedir lo que es esencial, como el “pan de cada día”, porque como nos enseña Jesús, la oración no es algo separado de la vida, sino que comienza con el primer llanto de nuestra existencia humana. Está presente donde quiera que haya un hombre que tiene hambre, que llora, que lucha, que sufre y anhela una respuesta que le explique el destino. Jesús no quiere que nuestra oración sea una evasión, sino un presentarle al Padre cada sufrimiento e inquietud. Que tengamos la osadía de convertirla en una invocación gritada con fe, a ejemplo del ciego Bartimeo que gracias a su llamado perseverante, “Jesús, ten compasión de mí”, obtuvo del Señor el milagro de recobrar la vista. La oración no solo precede la salvación, sino que ya la contiene, porque libra de la desesperación de creer que las situaciones insoportables no se pueden resolver.»
(Homilía de S.S. Francisco, 12 de diciembre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Poner especial atención a los signos de amor de Dios en este día.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Abraham Cortés Ceja, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Concédeme, Señor, que sea el amor el fundamento y la fuerza en mi vida para recorrer mi camino de santidad, con el gozo de ir al cielo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme'. Los justos le contestarán entonces: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?' Y el rey les dirá: 'Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron'.

Entonces dirá también a los de la izquierda: 'Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron'.

Entonces ellos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?' Y él les replicará: 'Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo'. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En el Evangelio de este día nos encontramos ante una realidad, llena de misterio y de verdad: la segunda venida del Hijo del hombre, del Rey de la gloria. ¿Quién es?, ¿por qué viene? ¿para qué viene? Sabemos que es Jesús, el hijo amado del Padre, quien lleno de amor, se hizo hombre y dio su vida para rescatarnos de la esclavitud del pecado, para iluminar el horizonte de nuestra vida y darle un sentido vertical. Es Jesús en quien hoy está puesta nuestra fe, en quien econtramos el fundamento de nuestra vida y en quien vivimos llenos de esperanza.

Nuestra vida en este mundo tiene un final, eso no lo podemos negar, por ello el cristiano vive con su mirada puesta hacia el cielo, vive para el cielo. El cielo es nuestro verdadero hogar, nuestro fin último. Esto significa que vivimos, gozosos, esperando algún día ser llamados por Cristo y escuchar sus palabras llenas de amor, que inundan de gozo todo nuestro ser: Ven bendito de mi Padre, recibe la herencia preparada para ti desde la creación del mundo.

Nos encontramos en el tiempo litúrgico de Cuaresma, tiempo de conversión. Ponernos ante el hecho de nuestro juicio, no es un motivo para ser invadidos por el miedo o cerrar nuestro corazón a la voz del Señor, sino una llamada al amor, es decir, a entrar en nuestro interior y dejar que Cristo transforme nuestra vida, nos dé su alimento, sacie nuestra sed, nos acoga en su corazón, nos vista de amor y guíe con su presencia todo momento de nuestra vida. Nuestro juicio será nuestra propia vida y el amor y la caridad serán la medida con que seremos juzgados, porque fuimos creados para amar y ser amados. Recorramos el camino de nuestra vida por amor y con amor.

«Cuando Jesús quiere enseñarnos cómo debe ser la actitud cristiana nos dice pocas cosas, nos hacer ver ese famoso protocolo sobre el cual todos nosotros seremos juzgados: Mateo 25. Y ese protocolo evangélico, no dice: “yo pienso que Dios es así, he entendido el amor de Dios”. El pasaje del Evangelio de Mateo afirma: “Yo he hecho en pequeño el amor de Dios: he dado de comer al hambriento, he dado de beber al sediento, he visitado al enfermo, al preso”. Porque las obras de misericordia son precisamente el camino de amor que Jesús nos enseña en continuación con este amor de Dios, grande. Con este amor sin límites que se ha aniquilado, se ha humillado en Jesucristo, y nosotros debemos expresarlo así. El Señor no nos pide grandes discursos sobre el amor; nos pide ser hombres y mujeres con un gran amor o con un pequeño amor, lo mismo, pero que sepamos hacer estas pequeñas cosas por Jesús, por el Padre. En esta perspectiva, se entiende la diferencia entre esa que sería una obra de beneficia meritoria, laica, y esas que son las obras de misericordia que son la continuidad de este amor, que se empequeñece, llega a nosotros, y nosotros lo llevamos adelante.»
(Homilía de S.S. Francisco, 8 de junio de 2018, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy realizaré una obra de misericordia con alguien que esté cerca de mí.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, en este período de Cuaresma dame la gracia de poder alcanzar la conversión de mi corazón para que día tras día pueda amar como Tú lo haces.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 4, 1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó del Jordán y conducido por el mismo Espíritu, se internó en el desierto, donde permaneció durante cuarenta días y fue tentado por el demonio.

No comió nada en aquellos días, y cuando se completaron, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan”. Jesús le contestó: “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre”.

Después lo llevó el diablo a un monte elevado y en un instante le hizo ver todos los reinos de la tierra y le dijo: “A mí me ha sido en tregado todo el poder y la gloria de estos reinos, y yo los doy a quien quiero. Todo esto será tuyo, si te arrodillas y me adoras”. Jesús le respondió: “Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Entonces lo llevó a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios, arrójate desde aquí, porque está escrito: Los ángeles del Señor tienen órdenes de cuidarte y de sostenerte en sus manos, para que tus pies no tropiecen con las piedras”. Pero Jesús le respondió: “También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios

Concluidas las tentaciones, el diablo se retiró de él, hasta el momento oportuno.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

En nuestra vida siempre habrá desiertos que provoquen debilidad y que den origen a la sed de algún consuelo o de alguna respuesta. Desearemos tener soluciones a todas nuestras dificultades, incluso respuestas que nos alivien, al menos momentáneamente.

Nuestra vida está en constante juego entre el cansancio y el entusiasmo, entre el ser tentados y ser consolados; todo esto es parte de nuestra vida. El mismo Cristo experimentó estos cambios que nos sacan de nuestros esquemas. Lo importante es custodiar un deseo, un deseo profundo que guíe nuestras elecciones de vida y nuestro caminar.

Ante la fatiga, hasta la tentación más insignificante se nos presenta como una verdadera prueba. Dios la permite para que nos purifiquemos, pues cuando el desaliento y el cansancio nos invaden, tan solo las convicciones más profundas permanecen. Pues, al tener claro lo que somos, damos respuestas sinceras, incluso en los momentos de mayor confusión.

Una tentación ayuda a recordar lo que somos. Nos hace recordar cuál es la verdadera fuente de nuestras fuerzas. Nos trae a la memoria las razones que han formado las convicciones que guiaron y guían el pasar de nuestros días. Nos hacen revivir un acto de fe.

Y en cuanto a las caídas, son parte de lo que hacemos, pero no de lo que somos. Pues nosotros solamente nos podemos identificar con lo que Dios ha hecho por nosotros. El deseo de querernos levantar es el deseo de querer volver a ser lo que verdaderamente somos: «hijos de Dios». Todo puede caer, menos la esperanza de volver a ser lo que somos.

«Una oración bonita que nosotros podemos hacer todos los días, antes de ir a dormir, mirar un poco la jornada: y preguntarse: ¿Pero qué espíritu he seguido yo hoy? ¿El espíritu de Dios o el espíritu del mundo? Esto se llama hacer examen de conciencia: sentir en el corazón qué ha sucedido en esta guerra interior, y cómo yo me he defendido del espíritu del mundo que me lleva a la vanidad, a las cosas mezquinas, a los vicios, a la soberbia, a todo esto. ¿Cómo me he defendido de las tentaciones concretas? Se deben identificar las tentaciones. Y esto se hace como oración, antes de ir a la cama, hoy: qué sentimientos he tenido. Identificar cuál es el espíritu que me ha empujado a ese sentimiento, me ha inspirado ese sentimiento: ¿es el espíritu del mundo o el espíritu de Dios? Haciendo el examen de conciencia con esta oración nocturna, muchas veces, si somos honestos, encontraremos que hoy he sido envidioso, he tenido codicia, he hecho esto. Y este es el espíritu del mundo. Es oportuno identificar estos sentimientos, porque esto es verdad: todos nosotros tenemos dentro esta lucha, pero si nosotros no entendemos cómo funcionan estos dos espíritus, como actúan, no conseguimos ir adelante con el espíritu de Dios que nos lleva a conocer el pensamiento de Cristo, el sentido de Cristo.»
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de septiembre de 2018, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Frente a las dificultades, antes de intentar resolverlas, trataré de recordar quién soy. Y me propondré hacer diariamente un buen examen de conciencia.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Jose Torres, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, que pueda sentir tu misericordia en mi corazón.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano, llamado Leví (Mateo), sentado en su despacho de recaudador de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él, dejándolo todo, se levantó y los siguió.

Leví ofreció en su casa un gran banquete en honor de Jesús, y estaban a la mesa, con ellos, un gran número de publicanos y otras personas. Los fariseos y los escribas criticaban por eso a los discípulos diciéndoles: “¿Por qué comen y beben con publicanos y pecadores?” Jesús les respondió: “No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

«Sígueme», ésas son las primeras palabras que Jesús, le dijo a Leví, y ésas son las palabras que nos dice a diario a cada uno de nosotros. El «sígueme» de Jesús es una petición para corresponder, a ayudar, a confiar en Él, a dejarnos guiar por su amor, a tener la certeza de que sus palabras son de vida eterna, y que solo en Él, tendremos el descanso necesario en la lucha cotidiana por alcanzar la santidad.

«Dejándolo todo, se levantó y lo siguió», es así como se debe reaccionar al llamado de Cristo. Pero para eso es necesario un verdadero deseo de entrega, de confianza en su providencia divina dejando todo en sus manos. Ésa es la actitud que debemos tener cuando, en la Santa Misa, en el momento del ofertorio, ponemos todo nuestro corazón y todo lo que somos, en manos de Dios, y decimos en lo más profundo de nuestro corazón, allí donde hablamos con Dios a solas, «Señor te doy todo, mira que no valgo nada, pero sé que esto poco que soy, te es agradable». Con confianza de niños, dejemos que Él inunde nuestros corazones de su amor y misericordia; seamos dóciles en su llamada.

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.» Es así como nos tenemos que considerar cada día, cuando nos acercamos a la Eucaristía, y mucho más cuando nos acercamos a la confesión. Es allí donde la santa Madre Iglesia nos ofrece esos remedios indispensables y eficaces para nuestra alma; es allí donde vamos a encontrar la misericordia, el amor que cura nuestras heridas. Lo más importante aquí es saberse necesitado de esa misericordia, saberse realmente pecador, para que Dios, con su gracia infinita, pueda curarnos y llenarnos de su amor que salva y cura.

Pidamos a María santísima, ella que es auxilio de los cristianos, que sepamos acudir a estos sacramentos con un corazón dispuesto a dejarse curar y transformar por su Hijo, así como lo hizo ella frente al ángel: «Hágase en mí según tu palabra».

«El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría, ¿es pesada? A veces sí, pero no nos roba la alegría. A través de ese peso también nos da la alegría. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza —uno de los malos espíritus que se apoderaban del alma y que ya lo denunciaban los monjes del desierto—; Dios no nos quiere sumidos en el cansancio que viene de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas. Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando trasparentamos la alegría del encuentro con Él.»
(Homilía de S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy voy a rezar algunas jaculatorias en acción de gracias por todo lo que Dios me da.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. José Romero, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, ayúdame a estar contigo.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-15

En aquel tiempo, los discípulos de Juan fueron a ver a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, mientras nosotros y los fariseos sí ayunamos?” Jesús les respondió: “¿Cómo pueden llevar luto los amigos del esposo, mientras él está con ellos? Pero ya vendrán días en que les quitarán al esposo, y entonces sí ayunarán”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Conozco a una muchacha que para el día de su boda tuvo que hacer dieta; por el estrés de la boda había engordado y ya no le quedaba su vestido. Tenía que adelgazar 5 kilos en una semana, por lo que inició una dieta muy estricta que consistía en no desayunar ni cenar, y sólo ingerir un almuerzo normal. Pero sufría mucho porque se ponía de mal humor cuando tenía hambre, y durante ese tiempo tuvo mucha.

Nosotros, cristianos, hacemos ayuno durante la Cuaresma. Todos necesitamos quemar las grasas que nos impiden colocarnos nuestra ropa para el matrimonio, esa grasa difícil de quemar que llamamos pecado.

Pero en el Evangelio de hoy nuestro Señor nos dice que el ayuno es para cuando el novio no esté, entonces ¿por qué ayunamos en Cuaresma? ¿Dios no está con nosotros? Cada uno de nosotros ayunamos para prepararnos para la gran boda con el Señor; quemamos todas las grasas que nos impiden colocarnos el vestido para celebrar nuestra unión con Él en la Semana Santa.

Por eso la Cuaresma hay que vivirla con la ilusión de eliminar las grasas malas de nuestra alma para prepararnos mejor para estar con Dios, y unirnos a Él, por medio del ayuno, para pronto celebrar la boda con el mejor vestido. La Cuaresma es una preparación para la Semana Santa, una preparación para nuestra boda con el Señor.

«Si tú quieres hacer penitencia hazla en paz. Pero tú no puedes por una parte hablar con Dios y por la otra hablar con el diablo, invitar al ayuno a los dos; esta es una incoherencia. No ayunéis más como hoy, para hacer oír en las alturas vuestra voz. Nosotros somos católicos, practicamos; yo pertenezco a esa asociación, nosotros ayunamos siempre, hacemos penitencia. Pero ¿ayunáis con coherencia o hacéis la penitencia incoherentemente como dice el Señor, con ruido, para que todos la vean y digan: “Pero qué persona justa, qué hombre justo, qué mujer justa?”. Esto, es un truco; es maquillar la virtud. Es maquillar el mandamiento. Una tentación de maquillar en vez de ir en serio sobre la virtud, sobre lo que el Señor nos pide. El Señor aconseja a los penitentes, a esos que ayunan de maquillarse, pero en serio: “Ayunad, pero maquillaos para que la gente no vea que estáis haciendo penitencia. Sonreíd, estad contentos”. Frente a tantos que tienen hambre y no pueden sonreír, tú busca el hambre para ayudar a los otros, pero siempre con la sonrisa, porque tú eres un hijo de Dios y el Señor te ama tanto y te ha revelado estas cosas. Pero sin incoherencias.»
(Homilía de S.S. Francisco, 23 de febrero de 2018, en santa Marta).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Hoy haré un sacrificio pensando en nuestro Señor.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Daniel Rodríguez Argüelles, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Padre mío, en este día quiero ponerme en tus manos y confiar en Ti. Que no dude nunca que eres un padre bueno, que me amas y que sólo buscas mi bien.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Lucas 9, 22-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho, que sea rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que sea entregado a la muerte y que resucite al tercer día”.

Luego, dirigiéndose a la multitud, les dijo: “Si alguno quiere acompañarme, que no se busque a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga. Pues el que quiera conservar para sí mismo su vida, la perderá; pero el que la pierda por mi causa, ése la encontrará. En efecto, ¿de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo o se destruye?”

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.

Te invito que al leer y reflexionar este pasaje no pienses: «ah, otra reflexión, otra vez este Evangelio», sino más bien, que te des cuenta de que Jesús te está hablando y te dice: «la vida no es fácil, pero aquí estoy Yo para ayudarte.»

Te hablo a ti, que puedes estar cansado e incluso harto de cargar tu cruz. Sé que no es fácil, que implica cansancio, dolor, sufrimiento; sé que a veces caerás y que te costará levantarte, pero recuerda que María, tu Madre, está siempre a tu lado. Recuerda que hay uno o varios cirineos que te ayudarán a cargar la cruz y habrá personas, como la Verónica, que limpiarán, no sólo tu rostro sino tu alma.

Si te preguntas: ¿por qué yo? ¿por qué me pasa todo esto a mí? Quiero que creas y sepas que todo esto es porque Jesús confía en ti y Él sabe que tú puedes superar esto, tomado siempre de su mano. Como dice Jesús: «Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará».

«Siempre, también hoy, está la tentación de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo, como Pedro: “No, no Señor, esto no, no sucederá nunca”. Pero Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no existe el verdadero amor sin sacrificio de sí mismo. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser cada vez más conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar siempre a contracorriente y cuesta arriba. Jesús completa su propuesta con palabras que expresan una gran sabiduría siempre válida, porque desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos. Él exhorta: “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará”. En esta paradoja está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla de que solo el amor da sentido y felicidad a la vida. Gastar los talentos propios, las energías y el propio tiempo solo para cuidarse, custodiarse y realizarse a sí mismos conduce en realidad a perderse, o sea, a una experiencia triste y estéril. En cambio, vivamos para el Señor y asentemos nuestra vida sobre su amor, como hizo Jesús.»
(Ángelus de S.S. Francisco, 3 de septiembre de 2017).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Cuando viste la cruz, Jesús, no viste tu instrumento de tortura, sino el instrumento de mi salvación. Tú que la abrazaste, la besaste y la cargaste, has que yo, indigno amigo tuyo, cargue con mi cruz de cada día y la lleve hasta llegar contigo al Calvario, y la ame como Tú, Señor, la has amado.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Aceptaré con alegría las contrariedades o cambios de planes que me sucedan hoy.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Adrián Olvera, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Es esta cuaresma, Señor, libera mi corazón.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa de su Padre celestial.

Por tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. En cambio, cuando tú des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará".

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

Cuán esclavos podemos ser de la opinión de los demás. Cuánto nos es difícil hacer cosas que cuestan sin que éstas tengan un mérito inmediato, o simplemente que no incluyan un «muchas gracias por esto o por aquello». Es normal, nos viene natural. Jesús lo sabe.

El camino al que Jesús nos invita es un camino difícil, pero el premio es muy prometedor. Jesús nos ofrece una libertad que este mundo no nos puede ofrecer: la verdadera libertad interior.

No es un simple hacer cosas por hacer, sino que nos ofrece hacer esas cosas de esta manera para alcanzar lo que todos deseamos interiormente, una verdadera libertad.

Jesús sabe que mucho de nuestro cansancio no es el trabajo, el ser papá o mamá, o el ir y venir de la universidad. El verdadero cansancio consiste en no ser lo que somos, cargar con máscaras en los bolsillos y presentar un personaje de acuerdo con la situación o el entorno en que nos encontramos. Mostrar esa imagen perfecta, fuerte, sin fallos o, por el contrario, mostrar la imagen de víctima, débil, que causa compasión. En fin, nos cansamos cuando mostramos lo que no somos.

Vivir para Dios, ésa es nuestra libertad. Que Él se entere, que Él vea mi corazón y si de esto se tienen que enterar los demás, no pasa nada, buscar que ésta no sea mi primera intención. Y si nadie se entera, y solo lo sabe Él, qué bendición.

La Cuaresma se presenta como este camino cuyo fin es Dios. Camino que nos ayuda a ir dejando las máscaras que nos hacen ir más lento, que nos hacen ir más preocupados y cansados para así llegar con Dios tal y como somos: verdaderamente libres.

«Las tentaciones a las que estamos expuestos son múltiples. Cada uno de nosotros conoce las dificultades que tiene que enfrentar. Y es triste constatar cómo, frente a las vicisitudes cotidianas, se alzan voces que, aprovechándose del dolor y la incertidumbre, lo único que saben es sembrar desconfianza. Y si el fruto de la fe es la caridad —como le gustaba repetir a la Madre Teresa de Calcuta—, el fruto de la desconfianza es la apatía y la resignación. Desconfianza, apatía y resignación: esos demonios que cauterizan y paralizan el alma del pueblo creyente. La Cuaresma es tiempo rico para desenmascarar éstas y otras tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a “recalentar el corazón creyente”: Detente, mira y vuelve.»
(Homilía de S.S. Francisco, 14 de febrero de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

Trataré de vivir este día sólo para Dios.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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Por: H. Jesús Salazar Brenes, L.C. | Fuente: www.somosrc.mx

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)

Señor, dame un corazón fértil para acoger lo que me quieras decir y ayúdame a dar fruto para la extensión de tu Reino.

Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Marcos 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros”.

Palabra del Señor.


Medita lo que Dios te dice en el Evangelio

La palabra de Dios hoy nos habla sobre una de las escenas más especiales, la pregunta que hace Pedro, ¿qué va a ser de nosotros que ya hemos dejado todo por seguirte?, y la promesa que Cristo hace a quien le entregue toda su vida.

El pasaje que hoy llevamos a la oración se ubica exactamente después del relato del joven rico que conocía y vivía la Palabra a la perfección y amaba grandemente a Dios, pero su apego a las riquezas le impidió ser libre para seguir a Jesús.

Cuando el amor nos mueve y hemos decidido libremente darle todo a quien todo lo merece, surge la pregunta de Pedro en nuestro interior: ¿Y ahora qué? Quien de nosotros haya tenido alguna experiencia yendo de misiones de evangelización, o a alguna jornada mundial de la juventud inmediatamente se le vendrán a la mente los recuerdos de esas personas que se ha encontrado por el camino, que han dado lo mejor de lo que tienen, que quieren hacerte sentir acogido, en familia, y todo lo dan, no por ser quién eres, sino porque ven en ti un reflejo de Dios. De igual forma, tú sientes en ellos el reflejo del amor de Dios. Ahí se cumplen las palabras de la promesa de Cristo: «Recibirá ahora, en este tiempo cien veces más». ¿Cuántas madres, padres, hermanos y hermanas nos hemos encontrado por llevar a Cristo? Si aún no has tenido la experiencia, no es tarde para hacerlo y vivir una de las experiencias más bellas de ser cristiano. Tú también puedes ser ese hermano, hermana, padre o madre para otro, siendo misionero de la vida ordinaria de todos los días o recibiendo a quien trae el mensaje de Cristo.

En el Evangelio, Cristo, junto a esta promesa, también nos hace la advertencia de que tendremos persecuciones. En algunos lugares nuestros hermanos son perseguidos real y cruentamente por ser cristianos; pero también hay persecución silenciosa del mal para intentar quitar a Dios de nuestras vidas. A pesar de todo esto, las palabras de la promesa no terminan ahí, el Señor nos anuncia lo que vendrá después, «en la edad futura, la vida eterna». ¡Qué gran consuelo y qué gran motivación! Si vivir la vida de la mano de Dios es tan hermosa, imaginémonos lo que será después, la posesión de la eterna paz y felicidad, contemplando el rostro de Dios. ¡Hagamos también la experiencia y veremos qué bueno es el Señor!

«El deseo humano de vida y de felicidad, vinculado estrechamente con el de ver y conocer a Dios, crece y se renueva continuamente, pasando de una etapa a otra sin encontrar nunca un final y una realización. La experiencia del encuentro con Dios trasciende, en efecto, todas las conquistas humanas y constituye la meta infinita y siempre nueva. También Santo Tomás de Aquino subrayaba este aspecto, afirmando que en la vida eterna se cumple la unión del hombre con Dios, que es “la recompensa y el fin de todas nuestras fatigas”, y esta unión consiste en la “visión perfecta”. En ese estado, continúa Santo Tomás, “cada bienaventurado tendrá más de lo que deseaba y esperaba, y solo [...] Dios puede saciarlo, e ir incluso mucho más allá, hasta el infinito”. Además, continúa, “la vida eterna consiste en la alegre fraternidad de todos los santos”. Citando a San Agustín, Tomás afirma: “Toda la alegría no entrará en los bienaventurados, pero todos los bienaventurados entrarán en la alegría. [...] Contemplaremos su rostro, nos saciaremos de su presencia en una juventud eternamente renovada”.»
(Mensaje de S.S. Francisco, 8 de diciembre de 2018).


Diálogo con Cristo

Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.

Propósito

Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.

En este período de Cuaresma que está por iniciar, haré todo lo posible para ir a las misiones de evangelización, o si me es imposible, me comprometeré a ayudar en mi parroquia.

Despedida

Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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